APROXIMACIÓN A UNA TEORÍA DE LA ACEPCIÓN RAFAEL GARCÍA PÉREZ JOSÉ ANTONIO PASCUAL RODRÍGUEZ Universidad Carlos III de Madrid. Instituto de Investigación Rafael Lapesa (Real Academia Española) Real Academia Española 1. INTRODUCCIÓN Sin duda alguna, el establecimiento de las acepciones en un diccionario es una de las tareas más complicadas a las que debe enfrentarse el lexicógrafo. La dificultad procede, en principio, de la interpretación que demos al propio término acepción que resulta bastante controvertido. En las discusiones sobre su definición parecen mezclarse otras cuestiones teóricas (semánticas e incluso filosóficas) más amplias, como su relación con la idea general de significado, o incluso de sentido, lo que dificulta notablemente la posibilidad de llegar a un planteamiento comúnmente aceptado 1 . Convencionalmente, suele partirse de la idea de que las palabras, contando con un significado básico relativamente estable, participan de la polisemia, así como de determinadas restricciones en su combinación, tal y como lo plantea Vygotsky (1987: 188-189): El significado se mantiene estable a través de los cambios de sentido. El significado de diccionario de una palabra no es más que una piedra en el edificio del sentido, nada más que una potencialidad que encuentra su realización en el lenguaje. [...] Un vocablo en un contexto significa más y menos que la misma palabra aislada: más porque adquiere un nuevo contenido; menos, porque su significado se ve limitado y disminuido por el contexto. Por otro lado, la propia práctica lexicográfica no facilita la tarea de establecer acepciones, pues se ha conformado con servir de mera técnica orientada a segmentar exhaustivamente los sentidos contextuales de una palabra, más que a agrupar estos buscando sus significados básicos, y no es de extrañar que se basara en la intuición y la experiencia de los lexicógrafos, transmitida de generación en generación. Se pensaba que no era necesario realizar una reflexión teórica previa, porque el conocimiento de la lengua y, sobre todo, del léxico permitía, por sí solo, extraer conclusiones relevantes. Eso no significaba que las operaciones que llevaba a cabo el experto lexicógrafo no tuvieran distintos grados de dificultad; entre las más delicadas se encontraba, precisamente, la separación de acepciones. Contaba para ello con una vaga idea, también bastante intuitiva, según la cual acepción se identificaba con el sentido especial que una unidad léxica había adquirido en el uso. Se consideraba normal que los diversos diccionarios presentaran soluciones diferentes, ya que, según afirmaba Julio Casares, el establecimiento de las acepciones no sigue directrices únicas, sino que “depende en gran medida del material con que se trabaja y de la concepción personal de los redactores” 2 . Este poder decisorio que se otorga a los lexicógrafos, confiando en su sutileza y casi, nos atreveríamos a decir, en la fuerza de su inspiración, les obliga a tomar como base de su trabajo el sentido común. En palabras de Julio Casares (1992: 59): Desde luego, hay que convenir en que la bifurcación en ramas, ramos y ramitos, llevada hasta el último extremo, perjudica notablemente la perspectiva de conjunto, aunque contribuya, por otra parte, a explicar la genealogía de cada una de las acepciones. La excesiva condensación, en cambio, tiene el inconveniente, sobre todo para un diccionario con citas, de que obliga a prescindir de muchas de ellas, a veces preciosas, so pena de juntarlas promiscuamente con mengua de su eficacia ilustrativa, a más que no permite observar la fase en que se halla el proceso de especialización de las acepciones recientes. No es hacedero, pues, establecer una regla aplicable a las múltiples contingencias previsibles, por lo cual nos habremos de dar por satisfechos si encontramos algunas fórmulas empíricas. 1 Para los problemas terminológicos que se han venido planteando entre acepción, significado y sentido, v. A. Medina Guerra (2003: 129-132). La autora, termina ofreciendo en estas mismas páginas una definición precisa y distinta de cada uno de esos vocablos. Su concepto de la acepción –“Sentido consolidado por el uso y aceptado por una comunidad de hablantes”– no parece ser compartido por Porto Dapena (2002: 199). Esto nos muestra hasta qué punto resulta difícil partir de una idea común. 2 J. Casares (1992: 58-59). Luis Fernando Lara (1998-1999) parece haberse resignado a la imposibilidad de que podamos ampararnos en algún criterio para la segmentación previa de estos sentidos, pues, según dice explícitamente: “la distinción y definición precisa de acepciones es un producto lexicográfico; es decir, es una construcción de sentido derivada del esfuerzo interpretativo del lexicógrafo”.