Desincronizado: Memoria colectiva, revisionismo y resistencia en el Assassin’s Creed Juan Sebastián Goyburu (FFyL-UBA) El siguiente trabajo se inscribe dentro del marco del Proyecto de Adscripción “Viajes y Manipulaciones del Tiempo en la Ficción Popular Masiva”, lo cual en principio puede parecer extraño. En el “Assassin’s Creed”, Desmond reconstruye las memorias de sus antepasados sin moverse nunca de una camilla en la que se encuentra recostado. Al lanzar el primer juego de la serie, Ubisoft se tomó el trabajo de explicitar, inclusive, que Altair “no [era] un viajero en el tiempo” (Miller, 2006) Sin embargo, una vez encendido el Animus, Desmond sí parece, en cierto sentido, serlo, puesto que está todo allí, en el pasado. Sus sentidos, sus capacidades, sus padecimientos, son los de su avatar. Vive el pasado, en el pasado, tanto como puede hacerlo Marty McFly de Volver al Futuro en el ’55, o Evan de El Efecto Mariposa en su infancia. Nuestro interés se encuentra, precisamente, en estas representaciones del pasado abiertas a la acción del presente. En la apertura de “Tratando Con el Pasado”, Carla Cordua afirma que “En este doble sentido de lo que se marchó sin remedio y ya no puede ser modificado, el pasado representa para nosotros uno de los modos auténticos de la necesidad […] Pero ni la más implacable necesidad es capaz de suprimir, por sí sola y de una vez, todas las posibilidades humanas”(Cordua, 2005, p. 77). Las narrativas de viajes en el tiempo comparten con el Assassin’s Creed esta característica de restituir un espacio de visible agencia humana en la historia, para restituir luego su necesidad de manera ya no metafísica sino política, de manera que el pasado ya no es “como fue” sino “como debería haber sido”. Tales reconstrucciones, sin embargo, mantienen una relación compleja con cierta comprensión de sentido común de la historia en tanto disciplina académica como representación certera de lo que fue. Como producto de consumo masivo, su efectividad para construir un sentido depende de su capacidad de insertarse dentro de ciertos códigos de lectura compartidos con su “audiencia”, que le permitan a ésta decodificar aquello que intenta ser transmitido. La tarea no se encuentra entonces en la reconstrucción de un pasado “documentalmente justificado”, sino en la presentación de un pasado “culturalmente reconocible”, no sólo en términos de las ideas socialmente establecidas acerca de la historia