comunica ción 6 agenda pública E l punto es la huella que ha quedado luego de una acción. Es el rastro pri- mero de una voluntad expresiva ejer- cida sobre una superficie. Donde esta marca aparece hubo un gesto y habrá una conexión, o al menos, la promesa de que ésta ocurra. El instante donde es produ- cido puede ser el inicio de una repetición que al volver una y otra vez sobre la ma- teria afectada produce cambios, induce a nuevas lecturas, configura nuevos paisajes. El punto, entonces, es también un princi- pio de la abrasión que remite a etapas muy anteriores en el proceso creativo: el pen- samiento, la meditación o el deseo. Lo es, por igual, en los fenómenos de la natura- leza y en los usos humanos: las gotas caen del cielo y van afectando pacientemente a la roca, los dedos de los fieles tocan y se deslizan sobre la imagen sagrada provo- cando nuevas depresiones en el volumen del objeto, la mano del artesano apoya la herramienta sobre el material elegido y la desliza hasta transformarlo, las palabras van horadando discursos anteriores y el tacto del lector desgasta en su roce las pá- ginas de un libro. Todo gesto, no obstante, es una modificación del espacio y una ac- tualización del tiempo. La naturaleza hace su trabajo y nosotros actuamos en él; siempre con la fantasía de querer situar- nos aparte cuando, en realidad, no esta- mos haciendo otra cosa que cumplir el mandato de la existencia: modificar, mutar, actuar. La cultura contemporánea le ha otor- gado énfasis a los pequeños gestos. Des- pués de siglos abrumados –que también fascinados– por los grandes discursos, la vida diaria –cambiante, simple y com- pleja, rutinaria– ha despertado una curio- sidad enorme en los artistas. Salir, convo- car, provocar, invadir el mundo fuera de las instituciones se ha hecho indispensa- ble. Nikos Papastergiadis (2008:364) en su ensayo Spatial aesthetics: rethinking the contemporary afirma: “Artists stretch the boundaries of their practice by defi- ning their context and strategies in para- doxes. Museums without walls. Cities as laboratories. Living archives. Walking narratives. These slogans are now com- mon in the art world”. Pareciera que este es un fenómeno propio de las ciudades. Sin embargo, ¿cómo se lo puede entender lejos de la conciencia urbana? ¿cómo un artista sumergido en huellas ancestrales de la naturaleza y de nuestras culturas pre- colombinas es contemporáneo desde esa perspectiva? ¿cuál es el lugar y el tiempo de los gestos ancestrales que el artista re- clama para un imaginario del presente? Víctor Hugo Irazábal presentó du- rante el 2011 una muestra que aborda ciertos puntos de estas preguntas. Ahí vimos Abrasiones, Lavapuntos y una ins- talación de carácter efímero elaborada con fibras de Chiqui-chiqui de la Palma Piassaba (Attalea funifera). No son tres cosas distintas y por ello estuvieron uni- das en una muestra en la Galería Paren- thesis Arte Contemporáneo del Centro de Arte Los Galpones bajo el nombre de la primera. Sin embargo, sí eran un sistema complejo, no lineal y por lo tanto asimé- trico como ya es costumbre en el artista. Margarita D’Amico (1987) en un texto de 1987 para el Papel Literario del diario El Nacional ya había trazado una ruta inter- pretativa en este sentido sobre su trabajo: Yo quiero convocar los opuestos y ponerlos a convivir CTOR UGO RAZ BAL El espíritu no está en el Yo, sino entre Yo y Tú ART N UBER Víctor Hugo Irazábal se nos hizo presente en el mes de julio de este año con una exposición titulada Abrasiones, Lavapuntos y una instalación de carácter efímero elaborada con fibras de Chiqui- chiqui de la Palma Piassaba (Attalea funifera). No son tres cosas distintas y por ello estuvieron uni- das en una muestra en la Galería Parenthesis Arte Contemporáneo del Centro de Arte Los Galpones. ■ HUMBERTO VALDIVIESO Las abrasiones de Víctor Hugo Irazábal La realidad en los objetos y los objetos en la realidad