Aunque se intenta que las lecturas que se hacen en las aulas incluyan la pluralidad de textos pre- sentes en nuestra sociedad, la verdad es que lo que casi siempre se lee es un género específico de textos, los habitualmente denominados textos literarios. Así ha sido históricamente y no parece fácil modificar los hábitos. De hecho, esas prácti- cas están tan arraigadas en la conciencia de las personas que, cuando se les pregunta acerca de si leen o no leen, suelen responder en función de si leen o no textos literarios. Y, más específica- mente, textos narrativos. No es momento ahora de definir qué es o no literatura, qué deberíamos considerar literario y qué no. Es esa una pregunta reiterada a lo largo de la historia y que ha servido de acicate para la reflexión y el debate. Numerosos escritores y pensadores han respondido a su modo y cada época ha asignado la consideración de «literario» a una muy diversa tipología de textos. Textos que antaño se consideraban literarios (por ejemplo, los sermones eclesiásticos) hoy provocan una sonrisa irónica. Lo mismo ocurrirá en el futuro: textos que hoy se leen y estudian en las escuelas serán sustituidos por otros que ahora son consi- derados inapropiados o están en ciernes. Cada época ha regulado qué clase de textos literarios son dignos de formar parte del canon escolar, es decir, cuáles merecen ser conocidos, estudiados y defendidos. Nuestra época no es 5 La formación de lectores de textos literarios Carlos Lomas Consejo de Dirección de TEXTOS Juan Mata Universidad de Granada ajena a esa tarea de selección y transmisión. Lo que se lee y se estudia hoy en las aulas responde a criterios sociales, académicos e ideológicos que determinan lo que es y significa lo literario. Como señala Van Djik (1988, p. 119), acaso la literatura se defina en función de lo que «algunas instituciones (las escuelas, las universidades, los libros de texto, los críticos, etc.) llamen y decidan usar como literatura». El actual canon literario escolar incluye textos del pasado (crónicas, fábu- las, poemas, relatos…) y textos propios de nues- tros días (artículos periodísticos, canciones, historietas…). La mayoría de esos textos son propuestos por los manuales de las distintas edi- toriales y solo en contadas ocasiones son los pro- pios profesores los que los promueven. Quiere ello decir que en las aulas hay una notoria varie- dad de textos que, aun bajo una misma etiqueta, responden a criterios muy diversos y a veces divergentes. Somos conscientes de la ambigüedad de esos nombres, pues bajo una misma etiqueta –poesía o novela, por ejemplo– pueden agruparse textos cuyas diferencias formales y estilísticas son enor- mes. Cada época privilegia unos textos en detri- mento de otros, de modo que el canon literario es radicalmente histórico. Textos que eran de cono- cimiento obligado hace un siglo resultan hoy obsoletos o incomprensibles. Esos textos que denominamos literarios –cuentos, relatos, nove- Textos de Didáctica de la Lengua y de la Literatura | núm. 66 | pp. 5-7 | julio 2014 La formación de lectores de textos literarios