Los marmora de Lusitania: su uso como soporte epigráfico Javier Andreu Pintado 1 MARMORA ROMANOS EN HISPANIA, CARRANQUE, 2011, ISBN: XXX-XX-XXXXX-XX-X, pp. 297-312 1 Universidad Nacional de Educación a Distancia – UNED. 2 Un excelente estado de la cuestión sobre el asunto lo constituyen el volumen que alberga estas páginas y, muy especialmente, la sen- sacional compilación de Nogales y Beltrán (eds.), 2008. Una pro- puesta bibliográfica actualizada sobre el uso de este en Lusitania puede verse en Nogales, 2008, 310-318, en Nogales, Gonçalves y Lapuente, 2008 y con carácter general en Rodà, 2008, 283-284, notas 2-6 además de en el ya clásico trabajo de Rodà, 1998, 113-114. 3 Fusco y Mañas, 2006. Además del citado trabajo de Nogales, Gon- çalves y Lapuente, 2008, el excelente volumen de Nogales y Beltrán (eds.), 2008 alberga varias contribuciones sobre Lusitania que lo con- vierten en un volumen de referencia junto a los trabajos citados hasta aquí y junto a aquéllos a los que se aludirá a continuación. 4 Cisneros, 1988, 77-81, publicación derivada del igualmente vá- lido Cisneros, 1987. 5 Rodrigues, 2007, 588-597, con atención a la producción de mar- mora en la zona, a su dimensión escultórica y, en cierto sentido – aunque limitado a las piezas con elementos decorativos en relieve–, también epigráfica. 6 Véase sobre ellos, con carácter general y bibliografía, Dupré, 2004. 7 Al respecto pueden verse los trabajos pioneros de Cisneros, 1988, 77- 78 (con catálogo de materiales en pp. 77-81) y el apunte detallado de Rodrigues, 2007, 591-596 (con catálogo en pp. 593-600). Nuevamente, el repertorio escultórico emeritense ha sido, desde luego, el mejor tra- tado por la investigación en este aspecto como dan prueba los traba- jos de Nogales, 2002, 1999 y 1997 –con notable bibliografía– aunque también se ha trazado una panorámica general respecto de la estatua- ria provincial a partir del estudio preliminar de Rodrigues, 2002. 8 Modélica ha sido, en este sentido, la investigación llevada a cabo en torno de la capital, Augusta Emerita, y en torno de sus conjun- tos arquitectónicos de carácter público con atención especial a los vinculados al culto imperial, aunque no solo a ellos. Véase, por ejemplo, con toda la bibliografía, el reciente trabajo de Nogales, 2007 así como la perspectiva general trazada por ella misma –No- gales, 2003– respecto de la evolución ornamental del paisaje ur- bano emeritense y, respecto de los foros, el sensacional trabajo de Barrera, 2002. También en los años setenta del pasado siglo –Ta- vares, 1976– los materiales ornamentales de Conimbriga y su pro- cedencia fueron estudiados con cierto detalle. Contra lo que, tal vez, cabría esperar dado el auge de los estudios sobre marmora hispanos en la investigación arqueológica de los últimos tiempos 2 o lo que cabría suponer a partir de la existencia de un reciente volu- men monográfico sobre los marmora de la prouincia Lu- sitania 3 , el estudio de estos como soporte epigráfico dista mucho de estar consolidado y, además, en el es- tado actual de nuestros conocimientos, apenas permite otra cosa que trazar una serie de reflexiones de carác- ter preliminar que, a buen seguro, habrán de ser re- frendadas –algunas– y modificadas –muchas otras– a medida que avance la investigación en la cuestión. Esa aludida carencia de un trabajo monográfico serio sobre el uso del marmor como soporte epigráfico en Lu- sitania creemos se debe a diversos condicionantes his- toriográficos y metodológicos que no deben ser pasados por alto y que, desde luego, ofrecen un pano- rama actualmente poco halagüeño pero también una oportunidad para investigaciones futuras y para el plan- teamiento de la cuestión que aquí pretendemos esbo- zar. Por un lado, ya desde el pionero y excelente trabajo de M. Cisneros 4 , se ha puesto de manifiesto el notable atractivo que, respecto del estudio de los marmora lusi- tanos, han tenido el notable repertorio escultórico con que nos ha obsequiado el territorio provincial –hoy, además, extraordinariamente bien publicado en lo que respecta al territorio actualmente portugués por el muy útil y reciente trabajo de L. J. Rodrigues 5 – así como los conjuntos arquitectónicos de, especialmente, su capi- tal, Augusta Emerita 6 . Ha sido a ambos elementos a los que más atención ha prestado la investigación hasta la fecha de modo que sí puede determinarse con cierta facilidad no solo qué materiales pétreos fueron emple- ados para la estatuaria en el territorio objeto de atención de estas páginas en época romana 7 sino también en qué medida esas rocas ornamentales participaron también en los procesos de monumentalización arquitectónica de las ciudades de Lusitania 8 . Ese natural atractivo,