Allá lejos y hace tiempo La bioquímica y yo nacimos y crecimos casi al mismo tiempo. Antes del comienzo del siglo, algunos químicos orgánicos y fisiólogos habían establecido las bases de la bioquímica. En 1906 aparecieron dos revistas que trataban el tema, la Biochemische Zeitschrift y la Biochemical Journal. La revista Journal of Biological Chemistry había comenzado a publicarse sólo un año antes. En 1906, Arthur Harden y W. J. Young lograron separar "zumo de levadura en residuo y líquido filtrado, cada uno de los cuales era incapaz por si solo de producir la fermentación alcohólica de la glucosa, sin embargo cuando se los unía, la mezcla producía una fermentación tan activa como el zumo original". Este hallazgo ocurrió sólo nueve años después que Edward Buchner preparara un zumo de levadura libre de células, capaz de fermentar. Esta línea de trabajo condujo eventualmente al descubrimiento de una multitud de enzimas, coenzimas e intermediarios del metabolismo celular. En 1906 Tswett publicó la primera descripción de cromatografía. Otro hecho importante (desde mi punto de vista) ocurrió en 1906. Fue mi nacimiento en París, Avenida Victor Hugo 81, a pocas cuadras del Arco de Triunfo. El crecimiento de la bioquímica fue rápido; en unas pocas décadas se descubrió la mayoría de las vitaminas, hormonas, enzimas y coenzimas, pero en el momento de escribir este ensayo la bioquímica está mostrando signos de desmembración. La biología molecular, la biología celular, la genética química etc. han nacido de ella y seguramente habrá otras. En cuanto a mí alcancé la edad de 77 años gracias a un hábil trabajo de reparación arterial llevado a cabo por Michael Debakey en Houston. He tomado prestado el título de este ensayo, de un libro encantador de W. H. Hudson que describe la vida silvestre del campo en las cercanías de Buenos Aires. Hudson describe el mismo escenario y los mismos animales -flamencos, armadillos, caranchos, vizcachas, etc.-que yo vi en mi infancia. Parece ser que ambos estábamos interesados en la vida animal y en entender la naturaleza, pero mientras yo me convencí que el conocimiento científico y la tecnología serían buenos para la humanidad, Hudson tenía algunas dudas y las expresó de la siguiente manera: ''Ah sí, todos nosotros estamos buscando la felicidad por el camino equivocado. Estuvo con nosotros una vez y fue nuestra, pero la despreciamos porque era sólo la común y antigua felicidad que la naturaleza da a todos sus hijos y nos alejamos de ella en busca de otra clase de felicidad, más grande, que algún soñador-Bacon u otro-nos aseguró que encontraríamos. Tentamos que conquistar solamente la naturaleza, pero ¡cuán cansados y tristes nos volvemos! La antigua felicidad de vivir y la alegría del corazón se han desvanecido''.