Ígor Rodríguez Iglesias. Ideologías de la desigualdad, discurso y lenguas      IDEOLOGÍAS DE LA DESIGUALDAD, DISCURSO Y LENGUAS Ígor Rodríguez Iglesias Universidad Autónoma de Madrid / Universidad de Huelva Todo lo dicho -incluso si no es pronunciado-, lo escrito, etc., esto es, todo acto lingüístico, es discurso. Éste es concebido como “una práctica social que se imbrica en otras prácticas sociales e interacciona con ellas: el discurso se ve conformado por las situaciones, las estructuras y las relaciones sociales, etcétera, pero, a su vez, las conforma e incide sobre ellas, bien cuestionándolas, bien consolidándolas” (Martín Rojo 1997: 4). Hay, pues, un producto lingüístico, una práctica social y un reflejo no de la realidad, sino de la interpretación que hacemos de ella, y aquí entran en juego diversos factores, entre los que destaca lo social y lo cultural: la vida en sociedad, cómo es la sociedad en qué vivimos, cómo estamos endoculturados y endoculturamos a las generaciones nuevas, etc. Estamos asumiendo el concepto de endoculturación de M. Harris (1990: 21): “experiencia de aprendizaje parcialmente consciente y parcialmente inconsciente a través de la cual la generación de más edad incita, induce y obliga a la generación más joven a adoptar los modos de pensar y comportarse tradicionales”. Pero la cuestión es más compleja y el habitus que nos proporciona P. Bourdieu completa, a nuestro entender, las lagunas de la definición de Harris: El habitus se define como un sistema de disposiciones durables y transferibles -estructuras estructuradas predispuestas a funcionar como estructuras estructurantes- que integran todas las experiencias pasadas y funciona en cada momento como matriz estructurante de las percepciones, las apreciaciones y las acciones de los agentes cara a una coyuntura o acontecimiento y que él contribuye a producir (Bourdieu, 1972: 178 apud Martín Criado, 2009). Los discursos, tal y como veníamos diciendo, son una práctica social, organización de ideas y de representación de las mismas y de lo que éstas a su vez representan. De hecho, Los discursos instituyen, ordenan, organizan nuestra interpretación de los acontecimientos y de la sociedad e incorporan además opiniones, valores e ideologías. Este poder generador es común a todos los discursos. Sin embargo, no todos tienen la misma trascendencia social, mientras algunos discursos se citan, se reproducen “sientan cátedra”, otros se desvanecen, no se consideran relevantes o resultan, como veremos, excluidos (Martín Rojo 1997: 4). Lo que lo motiva son los factores que provocan la desigualdad, advierte la profesora Luisa Martín Rojo (ibíd.). La desigualdad, además, “parece estar íntimamente vinculada a su distribución social”. Es el orden social de los discursos (ibíd.), concepto cuya operatividad nos es útil. El término orden del discurso fue acuñado por Foucault en 1970 y “señala cómo en las sociedades los discursos no circulan libremente sino que pueden descubrirse condiciones que regulan su producción y circulación” (Martín Rojo 1997: 7). “En toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por cierto número de procedimientos”, indicó Foucault en la lección inaugural pronunciada en el Collège de France el 2 de diciembre de 1970, recogida en 1971 en el libro que precisamente se titula El orden del discurso (2005: 14).