¿QUÉ HACEMOS CUANDO HACEMOS CIENCIA? Introducción del nº 2 de Recerca, nueva época, coordinado por el autor. Revista a la sazón del Dpto. de Filosofía, Sociología, Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Castellón. Año 2003. Andrés Piqueras La Ilustración sentó las bases de un cambio de cosmovisión y el alcance de una metateoría en el mundo de la Ciencia. Se produjo, a la sazón, un desplazamiento del “qué conozco” al “cómo puedo conocer”. Kant nos había enseñado que la conciencia humana es responsable de la propia configuración del mundo, ya que las formas y categorías perceptuales de nuestra experiencia sensorial son impuestas por una mente activa y estructurada; también el mundo interno es construido y mediatizado por las propias condiciones innatas del pensamiento humano. Por tanto, nada puede ser conocido en su verdadera esencia por los seres humanos, que necesitarían para ello a Dios. Sin embargo, el posterior desarrollo de la ciencia positiva y “empírica” dio la espalda a tales presupuestos para centrarse por encima de todo en lo que de la realidad es palpable e inmediato a los sentidos, como asimismo a los instrumentos de análisis –confundiendo tal inmediatez con la realidad misma-. Ha habido que esperar a cierto desmoronamiento, o si se prefiere, reorganización de las ciencias consideradas “positivas” y “naturales”, para acompasarse en alguna medida a aquellos ya lejanos planteamientos metafísicos. Poco a poco la física cuántica a partir de las formulaciones heisenbergianas, la termodinámica en su segundo principio o principio entrópico, la teoría general de los sistemas, entre otras aportaciones de las ciencias naturales, han comenzado a socavar los más sólidos pedestales en los que se sustentaba nuestro mundo físico y también nuestra noción de la realidad. [Hoy ya no sólo dudamos de nuestro conocimiento, sino que sospechamos definitivamente –una vez que Dios ha muerto- que no es posible el conocimiento del mundo]. Aventura a la que se unió con entusiasmo la cibernética de segundo orden o cibernética social, la cual se proponía a sí misma como una epistemología del proceso de conocer (quién conoce, qué conoce, cómo se conoce), desde el presupuesto de que las nociones no son independientes de nosotros, los observadores, los usuarios de ellas: todo lo dicho sobre un objeto resulta relacionado con nuestras propiedades ontológicas para hacer tal observación. Lo que ha implicado el cambio de orientación de los objetos observados a los observadores que al observar “crean” lo observado. En concordancia, las ciencias sociales, aunque lentas y, dadas las resistencias ofrecidas por sus paradigmas vigesimonónicos, renuentes a seguir con facilidad el empuje de aquellas disciplinas, comenzaron también a reorganizar su objeto de estudio. El propio estructuralismo terminó por dialectizarse a sí mismo, y proponía a través de autores