23 José Ignacio Padilla 22 n un artículo anterior (Hueso húmero 54), comple- mentario a éste, veíamos la tensión que desde el lenguaje se dirige hacia la materia en la poesía escrita de Eielson. El movimiento era de ida y vuelta: el lenguaje desmaterializaba todo aquello que intentaba alcanzar (esculturas de palabras, columnas de cenizas) y la constatación del vaciamiento del lenguaje empujaba la escritura hacia la materialidad del papel. La presencia sólo era posible en los términos ambiguos de la presencia del lenguaje o como materia que se resistía a significar. Hasta ahora sólo hemos visto parte del problema poético de Eielson. A continuación vamos a ver su doble opuesto: la tensión que se dirige de la materia hacia el lenguaje: la tensa emergencia material del lenguaje. Y como las formas no surgen de la nada, serán necesarios algunos desvíos por las genealogías de los quipus y su inscripción histórica. 1 [El lenguaje de los nudos] Volvamos a El cuerpo de Giulia-no (escrito a mediados de la déca- da del cincuenta), donde Eielson concibe por primera vez un lenguaje de nudos. Habíamos dicho que Giulia-no se configura por repeticiones y combinatorias de frases y de escenas. Hay que añadir que la repetición de palabras y frases, casi como letanías y mantras, tiene el carácter oral de la recitación o el conjuro. No quiero marcar la pertinencia antropológica de lo dicho, sino un proyecto estético por recuperar el carácter ritual de todo lenguaje. Dos momentos en la novela son decisivos: el más obvio es la re- petición de la supuesta oración mortuoria de los Paracas (que habitaron EIELSON: MATERIA Y LENGUAJE: QUIPUS / José Ignacio Padilla E