El Big Bang antes del Big Bang —según Spencer, Darwin y Poe José Angel García Landa Universidad de Zaragoza http://www.garcialanda.net El Big Bang, o Gran Explosión, es un concepto central del actual paradigma cosmológico, al que podríamos describir como el paradigma de la evolución universal. Su status como teoría científica no es antiguo: aunque se formuló el concepto del Big Bang, según se nos suele decir, en la primera mitad del siglo XX, sólo fue gradualmente aceptado a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, hasta ser la teoría cosmológica dominante a finales de siglo y en la actualidad. A la hora de hablar del Big Bang tal como aparece en autores de los siglos XVIII y XIX, objetivo nuestro en este artículo, no estamos por tanto hablando estrictamente del Big Bang en tanto que teoría astrofísica matematizada y formulada en el contexto disciplinario de las ciencias físicas, sino que hemos de adoptar un marco conceptual más amplio, que contiene, precede, o permite pensar esa teoría—hablamos así del Big Bang en tanto que mapa narrativo de la realidad, un relato o esquema cognitivo sin el cual no tiene sentido ni tiene posibilidad de formularse una concepción científica de los procesos naturales. Los mapas narrativos comprenden tanto las versiones míticas del universo como las científicas: si bien la narratividad de las concepciones cosmológicas científicas sólo se ha ido haciendo evidente en tiempos recientes, es bien conocido que las primeras concepciones cosmológicas son míticas y por tanto narrativas. El mérito de los autores que comentaremos aquí, que en siglos anteriores intuyeron un modelo cosmológico análogo al Big Bang, se halla en el desarrollo incipiente de una conceptualización narrativa del cosmos que, escapando a sus orígenes míticos, abre paso a la moderna noción científica de un universo en evolución. Del universo estático a la evolución del universo En esta sección trazaremos el surgimiento del actual paradigma evolucionista de la cosmología, siguiendo sustancialmente la exposición de David Christian en su libro Maps of Time—una elección conveniente, pues es en el enfoque actualmente conocido como "Gran Historia" (Big History) donde se aprecia con máxima claridad la importancia de un paradigma narrativo en las ciencias naturales. La noción de un universo en evolución tiene antecedentes remotos, no sólo en los mitos de creación, sino también en algunas de las primeras concepciones filosóficas, como es el caso de Heráclito o Empédocles. Incluso Platón nos expone su propio mito de creación filosófico en el Timeo; y los estoicos creían en una gran conflagración final que pondría fin al Universo. Ahora bien, las concepciones científicas desarrolladas en la era moderna compartían un cierto énfasis ahistórico (como aire de familia) con lo que habría de ser la concepción filosófica dominante surgida del mundo clásico: el aristotelismo. No queremos decir que no haya elementos evolucionistas en la filosofía de Aristóteles—son apreciables, por ejemplo, en la Poética, y el mismo Charles Darwin señala en él un antecedente de su teoría de la selección natural y de la evolución biológica—pero el énfasis principal de Aristóteles se halla en otra parte—en la descripción de la regularidad estructural. Y la imagen del universo transmitida por el aristotelismo es la de un cosmos eterno e inmutable, regido por leyes constantes. La física moderna buscaría dar a esas leyes una formulación matemática que no hacía sino enfatizar este carácter eterno y atemporal. Hay que señalar, sin embargo, que durante toda la Edad Media, y durante toda la Edad Moderna, esta tendencia ahistoricista y aristotelizante de las ciencias naturales tenía que establecer una relación no siempre fácil con un paradigma cosmológico dominante procedente de la teología: el relato bíblico que va de la Creación al Apocalipsis mantenía la autoridad intelectual de un modelo del universo con principio y con fin, por muy estáticamente que se concibiese su carácter entre ese principio y ese fin. Este marco narrativo disponible para pensar un universo con historia y con evolución favorecerá en gran medida el desarrollo de las alternativas conceptuales a la eternidad del cosmos, tanto en los autores que comentamos aquí como en otros muchos influidos por el paradigma cosmológico cristiano. (Nota 1 ) La ciencia moderna procura dar a los fenómenos explicaciones rigurosas, razonadas lógicamente, y basadas en los datos de lao bservación. Los científicos que desarrollaron la física moderna (Galileo, Newton, Kepler) eran cristianos que creían en la existencia de una deidad creadora, pero también creían que esa deidad era racional y que podían