Historia 16 , ISSN 0210-6353, Nº 363, 2006 págs. 100-125 1 El mito es la forma más perfecta del saber narrativo, una forma de saber que ha sido hegemónica hasta, al menos, el siglo XIX. Mitología y cine Emeterio Diez, Universidad Camilo José Cela El relato en no importa qué forma (mito, leyenda, cuento, novela, obra de teatro, cómic, película...) siempre ha tenido muchos enemigos: los que desprecian la imaginación, los que niegan la existencia de una inteligencia emocional, los que, solo preocupados por los aspectos prácticos y remunerados de la vida, dicen que no tienen tiempo para leer, ver o escuchar las fantasías de otros o bien los que juzgan la ficción como un saber falso, engañoso, oscuro y hasta perjudicial, ya que, por ejemplo, el público confunde las películas con la vida. En este desprestigio del relato ha jugado un papel clave el propio descrédito de su forma más valiosa y universal: el mito. La palabra mito proviene del griego mythos, que significa palabra, cuento, noticia, fábula. Ahora bien, en la sociedad primitiva el mito no es ficción sino una realidad. Se trata de una narración que retrata en lenguaje simbólico el origen de los elementos y supuestos básicos de una cultura: cómo comenzó el mundo, cómo fueron creados los seres humanos y los animales, cómo se originaron las costumbres y los ritos. Es más, adquiriendo el mito, el hombre primitivo se integraba en la sociedad, ya que en el mito encontraba las creencias básicas, las reglas prácticas y las pulsiones fundamentales que le permitían desenvolverse en su cultura. El mito era el principal instrumento de socialización o endoculturación. De hecho, el mito constituye la forma más perfecta del saber narrativo, una forma de saber (de aprender por medio del relato) que ha sido hegemónica hasta, al menos, el siglo XIX. Como tal saber narrativo, el mito cumplía tres funciones: explicativa, operativa y poética. 1 El mito, en efecto, explicaba el origen del mundo, de los propios dioses, de los seres humanos, de las instituciones políticas, sociales y religiosas. Daba cuenta de las grandes cuestiones que la ciencia del momento no podía contestar. Allí donde la ciencia no llegaba, aparecía un relato que paliaba el miedo a lo desconocido. En segundo lugar, el mito daba validez a las instituciones y a los valores sociales de la comunidad. Era un apoyo emocional para las creencias establecidas. Enseñaba lo que está permitido y prohibido. Es la función operativa. Paul B. Radin, en su obra El hombre primitivo como filósofo 2 , señala que los ritos, los mitos, los relatos o los poemas ancestrales contienen toda una filosofía de la vida que la tribu formula en forma de moralejas o aforismos. Por ejemplo, el saber narrativo enseña al hombre primitivo que: “No por mucho que te limpies 1 C. S. Kirk, El mito, Barcelona, Paidós, 1990, pp. 262-269. 2 Paul B. Radin, El hombre primitivo como filósofo, Buenos Aires, Eudeba, 1968.