Fusilamiento de Mariano Matamoros, 3 de febrero de 1814 Don Mariano Matamoros Guridi, poco recordado y conocido, fue en la historia de la Guerra de Independencia un soldado intrépido, Teniente General del Ejército Insurgente, organizador militar, “segundo” del generalísimo Morelos, el “terror de los gachupines”; estudioso y letrado de sólida formación intelectual, contribuyó a la construcción del México Independiente. Tras la derrota de la Batalla de Puruarán del 5 de enero de 1814, Matamoros fue aprehendido, procesado y fusilado en Valladolid, hoy Morelia, el 3 de febrero de 1814. Consumada la Independencia Nacional, en 1823, el Congreso lo declaró “Benemérito de la Patria”, sus restos mortales reposan en la Columna de la Independencia en la ciudad de México y, su memoria y aporte por la Independencia de México, siguen tan viva como hace más de 200 años. Mariano nació el 14 de agosto de 1770 en la casa ubicada en la esquina de Real de Santa Ana y de la Viña, ciudad de México. Era hijo de José Matamoros y de Mariana Guridi. Sus primeras letras las aprendió con los franciscanos; cursó cátedras de Moral, Latín, Historia Eclesiástica y Lengua Mexicana y, el 26 de agosto de 1786, se graduó de Bachiller en la Real y Pontificia Universidad de México, después se recibió de bachiller en Artes y Teología. También estudió Filosofía y Teología. En 1792 logró el Subdiaconado y, en 1795, logra el Diaconado. En 1796, recibe la Ordenación Sacerdotal. Fue Teniente de Cura en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, Real de Minas de Pachuca. Vicario del templo de La Purísima Concepción de Bucareli (antigua Misión de Sierra Gorda de Querétaro). En 1807 se desempeñó como Vicario del pueblo de Axtla y entre 1807 y 1811, se desempeñó como Cura interino de la parroquia de San Pedro Xantetelco, donde lo agarró el torbellino de la Guerra de Independencia. Las autoridades virreinales lo mandaron detener ante las sospechas de simpatizar con los insurgentes y los “Guadalupes de la ciudad de México, que eran conspiradores contra el virreinato, logrando eludir a sus captores. El 14 de diciembre de 1811, pidió licencia para retirarse de su parroquia al gobierno eclesiástico y se unió a las tropas de Morelos en la población de Izúcar el 16 de diciembre de 1811. Al día siguiente participa en su primera lucha: La Batalla de Izúcar bajo las órdenes de Morelos y, luego en la Batalla de Tecualoya, con Hermenegildo Galeana. El 4 de enero de 1812, Morelos lo nombró coronel de infantería. Y continuaron la campaña militar, llegando a Tenancingo y luego a Cuautla, donde fueron sitiados durante 72 días por las tropas del general español, Félix María Calleja. Matamoros y Manuel Perdiz logran romper, el 21 de abril, el Sitio de Cuautla y su fama de “terror de los gachupines” se incrementa. El 27 de ese mes, Matamoros se reunió con Morelos en Chiautla y cabalgan a Izúcar, donde logran reorganizar sus tropas; Matamoros forma un regimiento de dragones llamado del Apóstol San Pedro. Morelos lo nombró su segundo en jefe el 12 de septiembre, y el 9 de noviembre siguiente Matamoros se le unió en Tehuacán. Al día siguiente salieron hacia Oaxaca, a donde llegaron el 25 de noviembre. Matamoros se distinguió en el ataque y toma de la Verde Antequera. A principios de febrero de 1813, se dirigió a Yanhuitlán, donde se unió a Morelos el día 15. Matamoros permaneció en dicha población a la salida de aquel jefe insurgente, y en abril siguiente salió en persecución de Manuel Dambrini, realista procedente de Guatemala, a quien derrotó en Tonalá el 19 de ese mes. Regresó entonces a Oaxaca, donde fue recibido triunfalmente el 28 de mayo. Matamoros tuvo algunos desacuerdos con Nicolás Bravo, y el 12 de junio siguiente, en