35 ILAVE, ONTOLOGÍA DE LA VIOLENCIA O EL TERROR DEL ALTIPLANO El evento Un buen día la televisión limeña dio el triste espectáculo de un hombre asesinado brutalmente por el pueblo, bajo la acusación de corrupción. El pobre hombre, antes de ir a morir hecho un guiñapo a un hospital local, fue primero paseado por las calles por la turba indígena, apedreado, molido a golpes y vejado de diversas maneras. Curiosamente, ese hombre no era otro que el alcalde electo democráticamente, que apenas si llegaba a meses de ejercicio al servicio del Estado. Fue así como, de buenas a primeras, una ciudad aimara comenzó a existir. Su nombre era Ilave. Y digo «comenzó a existir» en el sentido más originario, en un sentido hermenéutico. Hay una perspectiva desde la cual hay un antes para Ilave en el que éste no era, y hay un ahora en el que éste aparece como una realidad. Aunque el Perú cuenta con un listado anual relativamente extenso de casos de desorden civil análogos al de Ilave, sin duda el fenómeno parece prestarse más a una lectura sociopolítica de la gobernabilidad democrática que a un análisis filosófico. Sin embargo, creo que hay un punto de vista desde el cual Ilave puede permitir internarse en lo que voy a intentar descri- bir adelante como un horizonte trágico acerca de la violencia que proviene del fondo de la racionalidad política moderna. Puesto que el Perú es, en términos formales, un Estado democrático —y doy por innegable que el marco de la política liberal es el punto focal de nuestra autocomprensión como destino de actores políticos en la modernidad tardía—, la cuestión de la génesis de Ilave como un Alguien en el contexto de la violencia nos da una pista singular sobre la clase de diagnóstico que habría que hacer, no sólo [35] Solar, n.º 2, año 2, Lima 2006; pp. 35-50 Ilave, ontología de la violencia o el terror del Altiplano Víctor Samuel Rivera Universidad Nacional Mayor de San Marcos 03_rivera.p65 07/09/2006, 10:02 a.m. 35