CAPÍTULO VIII LA CESTERÍA CoNsr»rnecroNEs PRELTMTNARBS [Ese a que, en una primera impresión, se podría I considerar que un estudio sobre la cestería no encaja bien dentro de un tema centrado en la indus- tria textil, sin embargo, la similitud de fondo, si no de forma, entre la cestería y el tejido, como a con- tinuación veremos, es más estrecha de lo que en prin- cipio parece. Precisamente por ello, en la práctica totalidad de los trabajos dedicados a la industria textil en la protohistoria y arqueología europeas el análisis de la cestería constituye una parte impor- tante y complementaria pata la comprensión de las técnicas antiguas de entramado y tejido. Por otra parte no debe olvidarse que, como ya anticipábamos al ocu¡nrnos del tejido I e iremos vien- do a lo largo de este capítulo al tratar los diferentes restos que conservamos, el origen de las tecnicas del tejido hay que buscarlo en el arte de la cestería, que para algunos autores es anterior incluso a la cerámi- ca, de la cual pudo asimismo constituir el armazón interno de las primitivas piezas, de donde surgiría la idea de confeccionar recipientes simplemente de ar- cilla. La creencia de que la cestería precedió al tejido fue además un lugar común de la literatura clásica, recogiendo, posiblemente, una tradición.2 Como en el caso del tejido, la cestería presenta dos o más series de elementos simples que, de forma habitualmente perpendicular, van entrelazándose en- tre sí con el fin de lograr superficies planas más o menos tupidas y flexibles, según el destino que se pensara adjudicar a la pieza. Naturalmente, tales superflcies planas iban adquiriendo, según la inten- ción del que las fabricaba, las formas y volúmenes que se desearan. Debemos también hacer hincapié en el hecho de que la mayor diferencia que encontra- mos entre estas dos técnicas conexas de la cestería y el tejido estriba simplemente en la circunstancia do haber requerido para su rcallzación la ayuda de un instrumento adicional que llamamos telar, en el caso del tejido, y la de no haber necesitado de él en el caso de la cestería.3 Naturalmente, a esta primerá distinción básica tenemos que añadir otra, también importante, que se halla en estrecha relación con los resultados finales obtenidos por uno u otro método. Como es lógico, la razón por la que el artesano dedicado a la cestería no suele requerir la ayuda de instrumentos adiciona- les estriba en la dureza y resistencia de los propios materiales que en su trabajo maneja. De ahí el hecho de que, ocurriendo todo lo contrario en el caso del tejedor, el cual necesita de un armazón sólido que mantenga los débiles hilos a entrelazar, los resultados finales obtenidos por cada uno de ellos sean diame- tralmente opuestos en cuanto a su aspecto exterior (es decir, su finura o grosor, su transparencia o tupido entramado, etc....).4 .Sin embargo, y salvando las diferencias fundamentales, más de resultados flnales I Yid. supra, pp. 85, n. 2, y lll s. 2 Vid. Plaf, Pol. 282 e, 283 a; Lucret., De rer. nat. V, 1350; Vitr. X, l, 5. 3 Esta distinción debe apreciarse en líneas generales, ya que existen casos en que algún tipo de cestería requiere al menos un rudimentario marco de sustentación para su reali- z.ación. a Puede verse a este respecto la bibliografía citada §upra, p. 85, n. 2. Sin embargo, en este caso concreto del empleo o no de telar disentimos de Leroi-Gourhan, HM, p. 284, quien sostiene que la ausencia de telar serÍa impor- tante, pero secundaria, a la hora de diferenciar cestería y tejido, pues también la tela se podría hacer tendiendo la urdimbre en un cuadro y pa,sando la trama a mano entre sus 153