NÚMERO 15. PRIMER SEMESTRE. 2012 107 P ANORAMASOCIAL Edad, vulnerabilidad económica y Estado de bienestar. La protección social contra la pobreza de niños y personas mayores PAU MARÍ-KLOSE * Y MARGA MARÍ-KLOSE ** RESUMEN 1 Los riesgos de pobreza se distribuyen de manera desigual en el ciclo vital. En este artículo ofrecemos datos empíricos sobre esta distribución y analizamos el impacto de las transferencias públicas sobre el riesgo de pobreza en dos etapas que tradicionalmente han concentrado situaciones de mayor precariedad: la infancia y la vejez. Se constata que, en los últimos años, la pobreza infantil ha aumentado significativa- mente en Europa y ha disminuido el efecto reductor que las rentas públicas ejercen sobre este tipo de pobreza, al tiempo que la situación de las personas mayores ha mejorado. En el último apartado se exa- minan los componentes de la protección social que influyen sobre el riesgo de pobreza infantil en nuestro país y se contrastan los posibles efectos de iniciativas para combatirla. A comienzos del siglo XX, Seebohm Rowntree (1901) observaba que el riesgo de pobreza estaba estrechamente ligado al ciclo vital y familiar de las personas. La vida de un “trabajador” atravesaba cinco etapas alternativas de necesidad y abundan- cia relativa. La primera experiencia de pobreza se solía experimentar en la infancia, cuando los ingre- sos del cabeza de familia frecuentemente no bas- taban para alimentar todas las bocas en el hogar. Esta etapa de escasez se prolongaba hasta que los miembros de la segunda generación obtenían recursos que se sumaban a los ingresos paterna- les. En esta etapa, posiblemente el joven tuviera incluso ocasión de acumular ahorros y preparar su emancipación. Sin embargo, la situación volvía a empeorar después de emanciparse y formar su propia familia. La llegada de los hijos solía traer consigo condiciones de carestía. Esta etapa duraba hasta que el primer hijo alcanzaba la edad de trabajar (que a la sazón se situaba en torno a los catorce años), inaugurando una nueva etapa de abundancia que solo interrumpía la entrada en la vejez. En la vejez se conjugaban dos situaciones que abocaban a la precariedad económica. Por una parte, se había dejado de contar con las con- tribuciones económicas de los hijos a la economía doméstica. Por otra, la capacidad de trabajar, y de procurarse ingresos propios, se resentía. Rowntree radiografió la pobreza en una etapa histórica en que todavía no se habían desarrollado los moder- nos sistemas de pensiones y las personas conti- nuaban trabajando hasta el final de sus días si su salud se lo permitía. Una salud frágil los abocaba a situaciones de extrema carestía. La sociedad ha cambiado mucho desde que Rowntree proporcionara esta caracteriza- ción de la pobreza en el ciclo vital. Pero habiendo sido muchos y muy significativos los cambios, no deja de ser una ironía que cuando hablamos de pobreza, esta sigue inevitablemente asociada a * Instituto de Políticas y Bienes Públicos (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) e Instituto de Infan- cia y Mundo Urbano (pau.mari.klose@cchs.csic.es). ** Universitat de Barcelona e Instituto de Infancia y Mundo Urbano (mmariklose@ub.edu). 1 Este artículo utiliza resultados empíricos generados en el proyecto SOLFCARE (“Solidaridad familiar, cambio actitudinal y reforma del Estado de bienestar en España: el familismo en transición”), que recibe financiación del Plan Nacional de I+D+i (Ref. CSO2011-27494).