Revista Iberoamericana. Vol. LXVII, Núms. 194-195, Enero-Junio 2001, 267-280 OCTAVIO PAZ: EL MITO Y LA HISTORIA EN EL LABERINTO DE LA SOLEDAD POR HÉCTOR JAIMES North Carolina State University El laberinto de la soledad (1950) es quizá el libro de ensayos de mayor importancia que haya escrito el poeta y ensayista mexicano Octavio Paz (1914-1998). Aunque contiene muchos de los temas anteriormente tratados por sus predecesores, 1 se puede decir que uno de sus pilares fundamentales lo constituye el tema en torno a la filosofía de lo mexicano. Para Abelardo Villegas, la inspiración de este libro es sin duda El perfil del hombre y la cultura en México (211) del filósofo mexicano Samuel Ramos. Sin embargo, ver esta fuente como el progenitor directo de la obra de Paz resulta claramente problemático, sobre todo si tomamos en cuenta la variedad de autores y títulos que se discuten en ella: Jacques Soustelle, La pensée cosmologique des anciens mexicains (1940); Ricardo Pozas, Juan Pérez Jolote, Autobiografía de un tzotzil (1959); Edmundo O’Gorman, Crisis y porvenir de la ciencia histórica (1947); Leopoldo Zea, El positivismo en México (1942); Jesús Silva Herzog, Meditaciones sobre México (1946); Gabino Fraga, El derecho agrario (1946); Lucien Lévy-Bruhl, La mentalité primitive (1922); y Amable Audin, Les Fêtes Solaires (1945), entre otros. Entonces, ¿cómo hallar la fuente de inspiración del ensayista mexicano al escribir su obra? Si bien es cierto que El perfil del hombre y la cultura en México es el primer intento de elaborar una filosofía de lo mexicano, así como de su carácter y personalidad, igualmente cierto es que Paz —aunque lee a Ramos— no se propone una simple superación; es decir, no lo comenta para superarlo (o para destruirlo), sino para asimilarlo. 2 De la misma 1 En este sentido, Stephen J. Homick afirma que: “La fuerza motriz de la emancipación mental mexicana fue el insigne Ateneo de la Juventud. Entre sus socios contaban a Antonio Caso, José Vasconcelos y el dominicano Pedro Henríquz Ureña. En gran parte, su obra fue los fundamentos de una filosofía bien arraigada en la realidad de México; y como veremos, el pensamiento de esos jefes de la revolución espiritual en México influiría en las ideas de sus sucesores, inclusive las de Octavio Paz” (101-02). 2 Al hablar de El laberinto de la soledad en su libro Posdata (1970) (texto que sirve de continuación a El laberinto de la soledad) el ensayista dice: “En El laberinto de la soledad me esforcé por eludir (claro, sin lograrlo del todo) tanto las trampas del humanismo abstracto como las ilusiones de una filosofía de lo mexicano: la máscara convertida en rostro / el rostro petrificado en máscara. En aquella época no me interesaba la definición de lo mexicano, sino, como ahora, la crítica: esa actividad que consiste, tanto más que en conocernos, en liberarnos” (11-12); y en El ogro filantrópico (1979), apunta: “yo no quise hacer ni ontología ni filosofía del mexicano. Mi libro es un libro de crítica social, política y psicológica. Es un libro dentro de la tendencia francesa del ‘moralismo’. Es una descripción