Neville Goddard (19 de Julio de 1968) VIVE EN EL FINAL Yo me atrevo a decir que cada uno aquí diría “Sí” a la afirmación de las Escrituras: “Con Dios, todas las cosas son posibles.” (Marcos 10:27) No creo que tú estuvieras aquí si no creyeras en Dios, y el Dios para el que todas las cosas son posibles. Pero quizás nosotros nos detenemos justo ahí, y separamos al hombre de Dios; y mi propósito es mostrarte que no somos dos, que somos Uno, – que Dios efectivamente se convirtió en hombre, para que el hombre pueda convertirse en Dios. Así que dejadme, ahora esta noche, daros mis razones para mis afirmaciones. Vamos al Evangelio de Juan y se nos dice que: “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.” (Juan 1:14) Bueno, esa es una mala traducción. La palabra traducida por “entre” es la preposición griega “en”, “dentro”. “La Palabra se hizo carne y habitó dentro de nosotros”, – “en nosotros”. (Juan 1:14) Juan usó el plural “nosotros” para la naturaleza de la que nos componemos; que la Palabra de Dios, que es definida en las Escrituras como el poder creativo y la sabiduría de Dios, no se puso en alguna persona entre los hombres, pues entonces ese supuesto uno habría avanzado, y no más; pero Cristo, para salvar a todos, no hizo a este o a ese hombre su habitación, sino que “habitó en nosotros.” Esa misma Palabra creativa que creó el universo y lo sostiene, ¡habita en nosotros! Por tanto, “con Dios todas las cosas son posibles” (Marcos 10:27), y por tanto con el Hombre todas las cosas son posibles. Así lo afirma en un libro Mateo: “Con Dios todas las cosas son posibles”; pero en Marcos él afirma: “Todas las cosas son posibles para él,” queriendo decir el hombre, “el que cree”. ¿Puede creer el hombre? Así, esta Palabra creativa está en nosotros. Bueno, ¿qué es esta Palabra creativa? ¡Es tu propia maravillosa imaginación humana! Eso es Cristo en el hombre. El hombre es todo imaginación, y Dios es el hombre, y existe en nosotros, y nosotros en Él. El cuerpo eterno del hombre es la imaginación, y eso es Cristo mismo; el divino cuerpo Jesús; nosotros somos sus miembros. Así, cuando tú dices “Yo soy”, ese es Él. Ahora, ¿puedes creer que tú eres ahora el hombre que te gustaría ser, aunque en el momento de tu asunción la razón lo niegue y tus sentidos lo nieguen? ¿Puedes concebir realmente una escena que, si fuera verdad, implicaría el cumplimiento de tu sueño? Simplemente imagínala. Ciertamente puedes imaginarla, pero el problema es: ¿la creerás? ¿Creerías en la realidad de la cosa imaginada? Si yo pudiera en este mismo momento imaginarme a mí mismo en un estado – absolutamente cualquier estado – y habitar en él; bueno, ahora, ¿qué es “habitar en él”? Bueno, yo estoy habitando en él. Bueno, ¡eso es Cristo! Y eso es el poder resucitador del universo. Así, si yo permanezco en un estado, lo resucitaré y lo objetivaré en mi mundo.