164 165 [ l * Andrea Noferini es investigador senior del Institut Universitari d’Estudis Europeus de la Universitat Autónoma de Barcelona y profesor asociado de la Facultad de Ciencias Políticas y de la Administración de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Licenciado en Economía Pública, es doctor en Política y Economía de los Países en Vía de Desarrollo por la Università degli Studi di Firenze y Master en Ciencias Po- líticas por la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Miembro de la Asociación Española de Ciencias Políticas y de la Administración, sus temas generales de investigación son el estudio de las políticas públicas desde la amplia perspectiva del neoinstitucionalismo y de la gobernanza multinivel. Sus investigaciones versan sobre las políticas de cohesión, la cooperación internacional y territorial, la descentralización, las relacio- nes intergubernamentales y la política económica de los servicios públicos locales. Contacto: andrea.noferini@uab.es Desarrollo, cooperación descentralizada y gobernanza multinivel: consideraciones para la actualidad Andrea Noferini * La cooperación descentralizada y la gobernanza multinivel son dos de los con- ceptos más de moda de los últimos veinte años. Surgidos en contextos y desde disciplinas diferentes, tienen una procedencia común que se enmarca en el más amplio debate sobre el papel del estado-nación en tiempos de globalización. En este artículo se reflexio- nará brevemente, y de forma no exhaustiva, sobre estos dos temas. El punto de partida es el reconocimiento, tanto formal cuanto substancial, de los gobiernos locales como actores internacionales en el marco actual de la agenda del desarrollo. El argumento central es ver en qué medida y cómo la idea de gobernanza mul- tinivel puede ayudar a los gobiernos locales a fortalecer su presencia en el escenario de la cooperación descentralizada. b [ Gobernabilidad y fortalecimiento institucional PALABRAS CLAVE Cooperación descentralizada | Desarrollo | Gobernanza multinivel | Gobiernos locales | Unión Europea | 1. Introducción La participación de los gobiernos locales en el mundo de las relaciones internacionales y en los ámbitos de la cooperación al desarrollo son dos fe- nómenos que reciben actualmente un amplio consenso. Ambos son el fruto de un conjunto de cambios que mar- caron el mundo industrializado a par- tir, aproximadamente, de los primeros años ochenta y que están íntimamente relacionados entre ellos. A la raíz del debate se sitúa el papel del Estado-na- ción y su capacidad de proveer bienes públicos en contextos siempre más in- ternacionalizados. La presencia de una miríada de gobiernos locales en áreas y sectores tradicionalmente dominados por los Estados es una de las manifestaciones más visibles del cambio. Se trata en este caso del resultado de un progresi- vo proceso de afirmación que, en dos décadas, ha llevado a los gobiernos lo- cales a legitimarse como portadores de los valores de la democracia que como protagonistas del desarrollo (local). El reconocimiento formal del derecho a la autonomía ha contribuido luego a la proliferación de un número ele- vado de experiencias de cooperación internacional cuyas razones de ser han variado desde la búsqueda de visibili- dad para reivindicaciones políticas las ganas de internacionalización y mayor competitividad, hasta la experimenta- ción de formas de cooperación hori- zontal entre ‘homólogos’ como un va- lioso instrumento para el aprendizaje y el fortalecimiento institucional. Uno de los canales – si bien no el único – que ha atraído desde el prin- cipio la atención de los gobiernos lo- cales ha sido la cooperación descen- tralizada entendida, de forma general, como aquella cooperación cuya finali- dad es el desarrollo sostenible de los territorios y cuyos protagonistas son los entes subnacionales bien directa- mente, mediante sus instituciones, o bien indirectamente, mediante la so- ciedad civil y sus asociaciones. Actual- mente la cooperación descentralizada goza de muy buena salud tal y como muestra el respaldo que recibe por parte de las principales organizaciones internacionales. Se trata, además, de una práctica hoy en día jurídicamente y legalmente regulada por la mayoría de los países. No obstante, la cuota de ayuda oficial al desarrollo (AOD) destinada a la cooperación descentra- lizada es todavía mínima, llegando en muchos casos a ocupar un porcenta- je más simbólico que substantivo. En España – país de los más avanzados en cuanto a participación de los gobier- nos subnacionales – la cooperación descentralizada llega al 15% de la ayu- da nacional. En los demás países de la Unión Europea (UE), este porcentaje es aún menor. Sin embargo, el segundo dato es aún más preocupante que el anterior. En dos de los temas de debate más actuales - Objetivos del Desarrollo del Milenio (ODM) y eficacia de la ayuda – obser- vamos que las políticas para el desarrollo siguen dominadas por los Estados nacio- nales. Algunas voces críticas, por ejemplo, notando el tardío compromiso del mundo local en la Agenda de París, han llegado a sostener que gran parte del debate sobre la eficacia escondería un apuesta por vol-