ANALES CERVANTINOS, VOL. XLII, PP. 147-162, 2010, ISSN: 0569-9878 ANALES CERVANTINOS, VOL. XLII, PP. 147-162, 2010 ISSN: 0569-9878 El mito de Dánae en El curioso impertinente: Terencio, Tiziano y Cervantes La novela de El curioso impertinente, intercalada en la primera parte del Qui- jote, ha sido objeto de una gran atención y curiosidad críticas, hecho irónico si se tiene en cuenta que precisamente el tema de la curiositas es esencial para su interpretación. Como es bien sabido, el Quijote de 1615 pone en boca de Sansón Carrasco uno de los problemas al que podría enfrentarse el lector de la época: «una de las tachas que ponen a la tal historia... no por mala ni por mal razonada, sino por no ser de aquel lugar, ni tiene que ver con la historia de su merced del señor don Quijote» (II, 3, p. 652). Mientras que Sansón Carrasco aviva la curiosidad del lector al preguntarse por qué la novela se encuentra en tal lugar, ya el cura, que había leído la historia a sus compañeros en la venta, había admitido que «quiero leerla, por curiosidad siquiera: quizá tendrá alguna de gusto» (I, 32, p. 375). El cura entonces muestra una doble curiosidad, una por lo que se narra y otra por encontrar en la novela algo que alimente su curiosidad, o sea algo de interés. A todas estas curiosidades hay que añadir la impertinente curiosidad del personaje de Anselmo, dentro de la novela, el cual quiere saber si su esposa le puede ser infiel, y además, demostrando aún mayor curiosidad, quiere que sea su mejor amigo, Lotario, el que haga tal prueba de fidelidad. Con tantos elementos apuntanto al tema de la curiosidad, no debe sorpren- dernos que El curioso impertinente se haya convertido en uno de los episodios más debatidos de la novela cervantina y que la novelita en cuestión pasara casi inmediatamente al tablado 1 . Entre los muchos aspectos discutidos se en- * university of Chicago. 1. guillén de Castro, por ejemplo, transforma la obra en una tragicomedia. Ver a Faliu-La- cuourt. Frederick A. de Armas*