215 INTRODUCCIÓN El desarrollo del Estado Autonómico es sin duda uno de los aspectos que mayores implicaciones ha tenido para la consolidación democrática espa- ñola. La creación de las Comunidades Autónomas, un proceso iniciado en plena transición, ha dado lugar a una organización territorial con caracte- rísticas únicas en Europa, poniendo de manifiesto el cada vez más relevan- te papel de las diferentes arenas políticas territoriales en el funcionamien- to del sistema político español (Morata, 1997: 121). Este proceso se caracterizó desde sus inicios por las dificultades para llegar a un acuerdo sobre el modelo de Estado, lo que favoreció un hetero- géneo mapa autonómico completado en 1983. 1 Esta heterogeneidad, mar- cada desde las condiciones de acceso a la autonomía, propició en los pri- meros años cierta ventaja en la consecución de un mayor autogobierno a las Comunidades con peculiaridades históricas frente al resto y, por tanto, un afianzamiento político-institucional más lento en estos últimos territo- rios. Algunos de estos elementos explicarían, en parte, la desigual atención que por parte de la academia han recibido las autonomías que accedieron más paulatinamente al reparto competencial. Si a esto se une que en mu- chos de estos casos, la construcción del Estado Autonómico supuso una 1 En ese complejo mapa, tal y como señala Morata (1997: 122) se pueden distinguir, Co- munidades basadas en sus peculiaridades étnicas o culturales (País Vasco, Cataluña y Gali- cia), regiones tradicionales (Andalucía, Aragón, Asturias, Canarias, Valencia, Navarra y Extre- madura), provincias que accedieron a la autonomía (Cantabria, La Rioja, Madrid, Murcia), y Comunidades conformadas de un modo improvisado cuya principal característica fue la au- sencia de una identidad regional sólida (Castilla y León, y Castilla-La Mancha). Elites y ciudadanos en Castilla y León: un análisis de la congruencia de actitudes en torno al proceso autonómico Patricia Otero Felipe