Estudios recientes de Arqueología Gaditana, 2009, X-XX ISBN: XXXXX La Arqueología de las sociedades prehistóricas como compromiso social, docente e investigador. Proyectos de estudio de la región histórica del Estrecho de Gibraltar. José Ramos Muñoz 1. Posición teórica. Arqueología Social. Quiero destacar desde mi incorporación como docente a la Universidad de Cádiz en 1988 un intento de armonizar docencia con investigación, entendiendo la formación universitaria como proyecto social (Ramos, 1993a; Ramos et alii, 1999). Esto conlleva una estrategia de vincular a los estudiantes en los proyectos de investigación como parte fundamental de un intento de continuidad metodológica y generacional. El concepto “posición teórica” (Gándara, 1993) ante el trabajo arqueológico lo entendemos como compromiso a largo plazo. Consideramos que es posible una Arqueología que aspira a conocer el pasado para obtener una mejor comprensión crítica del presente. Nos interesa también incidir en las relaciones sociales y en la composición social y económica de las sociedades cazadoras- recolectoras paleolíticas y tribales comunitarias neolíticas. Consideramos que la Historia Social ofrece un modelo metodológico y ético desde la reconstrucción socioeconómica (Thompson, 1981). Esto nos exige profundizar en la relación dialéctica entre economía, sociedad y por supuesto integrar los sistemas de valores y de las contribuciones ideológicas, de género y de reproducción social (Bate, 1998). Los productos arqueológicos forman parte de procesos de producción, distribución y consumo. Se sitúan en relación a categorías mayores vinculadas con la propiedad, el trabajo y los procesos de distribución de los recursos (Bate, 1998; Arteaga, 2002). Frente a un interés manifiesto por las manifestaciones culturales nos mueve el objetivo de profundizar en las formaciones sociales (Arteaga, 1992: 181). Nos preocupa incidir en el valor social del Patrimonio y la dignificación del registro. Asistimos además desde hace años, por parte de las autoridades responsables de la Arqueología en numerosas comunidades y centros de “gestión” (Bermejo, 2007), a un sentido muy dirigido del concepto “Patrimonio” donde se valoran especialmente las manifestaciones monumentales, queriendo buscar y mostrar unos orígenes de “alta cultura” asociado al concepto de “civilización”. Desde esta ideología de favorecer con grandes presupuestos a estos “conjuntos, parques, monumentos…”, se desprecia o no se considera en justicia histórica los “modestos registros” de las sociedades cazadoras-recolectoras o neolíticas. Además esto conlleva una clara discriminación ante la distribución de recursos públicos. Aspiramos así a proyectar en los alumnos y jóvenes investigadores una idea de Patrimonio como un legado histórico, del cual sólo somos investigadores; pero del que tenemos la oportunidad de transmitir una idea de “función social” del mismo (Vargas, 1997). Otro hecho básico en el cual situamos nuestros estudios radica en la noción de “proceso histórico” (Arteaga, 2002), entendido en el sentido de un análisis global, en nuestro caso, de sociedades cazadoras-recolectoras, tribales y clasistas iniciales, que ocuparon el territorio de la banda atlántica de Cádiz y área norteafricana del Estrecho de Gibraltar. Hemos asumido así una toma de postura (Gándara, 1993; Bate, 1998) en la llamada “Arqueología Social Latinoamericana” y aspiramos a reconstruir la sucesión histórica desde el análisis de los diversos modos de producción, de vida y de trabajo, como proceso metodológico que nos aproxime a la categoría básica de la “propiedad” de la formación social en estudio. Entendemos que el reto de una Arqueología al servicio de la Historia radica en centrarnos en lo social y lo económico (Estévez et alii, 1998), en el marco del análisis del proceso