Resulta complejo apuntar una definición acabada de un grupo tan hete- rogéneo como el de los directores que iniciaron la modernización del cine ar- gentino. A la imposibilidad de integrar bajo un marco único a los agentes surgidos en el lapso comprendido entre 1956 y 1966 debe sumarse el hecho de que, en comparación con etapas previas, la práctica estética estuvo atravesada por la inquietud reflexiva de sus creadores, los que no se conformaron única- mente con ubicar de forma más o menos explícita sus pensamientos en los films, sino también en un sinnúmero de declaraciones de intención. Estas últimas reci- bieron el espaldarazo de un sector crítico creciente, cuyas publicaciones especia- lizadas otorgaron un lugar prioritario en sus agendas a la palabra de aquellos. 1 Además de la intensidad con la que fueron recogidas las constantes dis- cusiones en el interior de un campo cinematográfico en expansión, algunos au- tores –Simón Feldman, Rodolfo Kuhn, Leopoldo Torre Nilsson, particularmente- se ocuparon por primera vez de sistematizar sus preocupaciones en tratados y manifiestos que, amén de tener como objeto de análisis las propias obras, cons- truyeron teorías globales sobre el quehacer cinematográfico, la cultura nacional, la sociedad y la política, entre otros temas. Asimismo, la vitalidad y visibilidad que los debates cobraron por esos años colaboró en profundizar el estableci- miento de los artistas como intelectuales, en cuyo camino seguiría avanzando el ulterior cine político. Como forma de iniciar el recorrido por la caracterización del grupo po- demos retomar las definiciones de José Martínez Suárez, realizadas como me- moria y balance del movimiento conocido como Generación del Sesenta. Para el autor de El crack (1960): Había dos grandes tendencias. La neorrealista, de la que yo formaba parte, para la que trabajábamos con atención a una propuesta social indubitable. El problema de la clase media, la situación del trabajador, las dificultades acuciantes del país: la cultura, el trabajo, la salud pública, el hacinamiento en los conventillos. La otra corriente, que podía llamarse antonionística, hacía películas con un sentimiento distinto al nuestro. Tan válido como el nuestro pero también menos necesario. Nosotros pensábamos que el país Las nociones de compromiso y praxis en el cine de los sesenta y la reevaluación de las prácticas emergentes Por Jorge Sala 1 Algunas de las revistas especializadas fueron Tiempo de cine, Gente de cine, Cinecrítica, Cine y medios, Filmar y ver, Flashback, Cuadernos de cine, Contracampo y Cindedrama.