Verdugo, M. A., Navas, P., Jordán de Urríes, F. B., Gómez, L. E., Arias, B. (2012). Evaluación de la conducta adaptativa en el contexto español. En S. Santos y P. Morato (Eds.) Comportamento adaptativo. Dez anos depois. (pp. 35‐52) Lisboa: Faculdade de Motricidade Humana. ISBN 978 972 735 187 9 EVALUACIÓN DE LA CONDUCTA ADAPTATIVA EN EL CONTEXTO ESPAÑOL Miguel Ángel Verdugo 1 , Patricia Navas 1 , F. Borja Jordán de Urríes 1 , Laura E. Gómez 3 y Benito Arias 2 ͳ Universidad de Salamanca, )nstituto Universitario de )ntegración en la Comunidad ȋ)N)COȌ, España. ʹ Universidad de Valladolid, )N)CO. ͵ Universidad de Oviedo, )N)CO. 1. Importancia del constructo ‘conducta adaptativa’ y de las ‘habilidades de adaptación social’. Las puntuaciones de Cociente )ntelectual ȋC)Ȍ han constituido durante mucho tiempo un criterio casi incuestionable en base al cual se ha determinado la elegibilidad de las personas con Discapacidad )ntelectual ȋD)Ȍ para acceder a distintos recursos y servicios en función de las conocidas categorías discapacidad intelectual ligera, moderada, severa y profunda. Ello se debe en parte al hecho de que cuando los test de inteligencia y las puntuaciones de C) a las que dan lugar se introdujeron a principios de ͳͻͲͲ, fueron bien acogidos al ser un medio eficiente y objetivo para distinguir a las personas con discapacidad intelectual de la población general ȋScheerenberger, ͳͻͺ͵Ȍ, convirtiéndose en indicadores muy fiables del grado en que una persona se alejaba de la media poblacional en un conjunto de habilidades con un marcado carácter académico. Se invirtieron muchos esfuerzos en el desarrollo de instrumentos de evaluación que fueron tipificados sobre amplias muestras para evaluar y diagnosticar con precisión esta dimensión intelectual, siendo estos instrumentos los que han guiado durante mucho tiempo la intervención con el colectivo de personas con D). Sin embargo, poco después empezó a perderse la confianza en las puntuaciones de C) como un criterio diagnóstico necesario y suficiente de discapacidad intelectual que sirviera a su vez para planificar programas y estrategias de actuación, al ver que éstas sólo reflejaban el rendimiento en tareas académicas y perjudicaban a aquellas personas que procedían de entornos sociales más pobres o minoritarios ȋReschly, Myers y (artel, ʹͲͲʹ; Scheerenberger, ͳͻͺ͵Ȍ. Por los motivos mencionados, durante los años Ͳ y ͺͲ, una vez manifiesta la necesidad de evaluar y considerar como criterio diagnóstico la capacidad de la persona con D) para adaptarse a las demandas de un ambiente social cambiante, los esfuerzos de los investigadores se centraron en identificar qué habilidades adaptativas eran necesarias para asegurar la integración de las personas con discapacidad intelectual en su comunidad. Este era un trabajo necesario, dado que, como señala Tassé ȋʹͲͲͻȌ tan sólo hasta el momento se disponía de la ǮEscala Vineland de Madurez Socialǯ ȋVineland Social Maturity ScaleȌ ȋDoll, ͳͻ͵Ȍ. Por otro lado, el movimiento de desinstitucionalización y normalización incrementó la necesidad de evaluar y entrenar conductas o comportamientos considerados como importantes a la hora de lograr la inclusión de las personas con discapacidad en entornos de aprendizaje y convivencia, apoyando así la tesis que sostiene que las puntuaciones de C) no pueden ser consideradas criterio diagnóstico suficiente de D), del mismo modo que no pueden guiar en solitario la planificación e intervención con este colectivo. No obstante, la ausencia de un marco com’n teóricamente fundamentado dio lugar al desarrollo de instrumentos carentes de estándares uniformes de evaluación. A medida que crecía la importancia de evaluar las habilidades de adaptación social de las personas con D) como comenzaban a reflejar las definiciones de la Asociación Americana de Retraso Mental, AAMR ȋconocida hoy como Asociación Americana de Discapacidades