Valeria Añón, La palabra despierta. Tramas de la identidad y usos del pasado en crónicas de la Conquista de México Buenos Aires, Corregidor, 2012, 354 páginas. 1 2012. Buenos Aires. Valeria Añón revisa los últimos detalles de su manuscrito. Ya ha decidido el final: “Las crónicas mestizas despliegan su sentido en ese cruce: escritas contra el trauma, contra el silencio ominoso, como apuesta futura y restitución parcial, llevan inscriptas las marcas de la ruptura y la violencia, la huella de ese silencio que señaló, en las memorias autóctonas, el fin de Tenochtitlán (y con el cual señalamos también el final de este libro): nadie hizo alarde de miedo. Nadie chistó una palabra” (p. 335). Piensa en las palabras entre paréntesis: “y con el cual señalamos también el final de este libro.” Duda si incluirlas o no, si confiar en que el lector vea al paralelo entre el final de esta gesta-tragedia- encuentro-caída que se narró a lo largo de 335 páginas o si quiere resaltarlo, aclararlo, ponerlo en palabras. No se trata de confiar o no en el lector, se dice, quiere dejar ella también su huella en este recorrido, su propia apuesta futura indicada desde la dedicatoria del libro al hijo “compañero de andanzas para quien escribir el futuro”(p. 9). Porque sabe como lo sabían cada uno de los cronistas que ha estudiado que reconstruir el pasado desde sus heridas, sus quiebres, sus alegrías y sus gritos desgarradores es también hacer un boceto del futuro. Una de las escenas claves de la película Infancia clandestina tiene lugar durante un campamento de un grupo de niños de primaria en algún lugar de la pampa argentina durante el año 1979. Los chicos ponen en escena la “Conquista de América”: un grupo de niños vestidos como españoles son bienvenidos por otro grupo disfrazados de indios: bolsas de arpillera, vinchas con plumas, caras pintadas con corcho quemado. El estribillo es “bienvenido Colón” y se enumeran las características del nuevo status quo: nuestras tierras serán tuyas, gracias por traer la lengua, la religión, la civilización. Pensé mucho en esta puesta en escena de la que hemos participado muchos de los que estamos acá durante nuestros años escolares mientras leía el libro de Valeria Añón, La palabra despierta: tramas de la identidad y usos del pasado en crónicas de la Conquista de México. Valeria misma desde la introducción y en los agradecimientos se refiere a lo difícil que es trabajar el período colonial desde el cono sur. Más aún si se trata de la copiosa producción sobre la conquista de México. Me imaginaba a la niña Valeria Añón en una representación de la conquista (los años coinciden). Y también a la joven estudiante de Letras que decidió en algún momento que estos textos sobre dos modos de alteridad serían su obsesión. Digo dos modos de alteridad pensando en primer lugar en esta conquista tan poblada de palabras que fue la de México y también en la literatura y la cultura mexicana pensadas desde el cono sur. Porque lo que es claro es que para trabajar las crónicas de la conquista de México, Valeria tuvo que hacer un cambio de piel, porque si en el Río de la Plata el período colonial ha sido poco relevante en la construcción de un imaginario social colectivo, reemplazada por la inmigración masiva como el mito fundante de la nación moderna, en México la conquista sigue siendo un texto que se vive a diario no desde los círculos letrados sino desde toda la sociedad. Sigue siendo uno de los ejes más productivos en cuanto a la producción literaria y artística y no es casualidad entonces que el escritor José Emilio Pacheco nos acompañe en la lectura desde el título “La palabra despierta” que proviene de uno de sus poemas y desde fragmentos de otros poemas —diáfanos y iluminadores— que auguran cada capítulo. Dicho esto, lo más sorprendente de La palabra despierta es que Añón trabaja la Conquista de México no como alguien que visita el período, el lugar, los textos desde afuera (o desde el sur) sino como alguien que los ha vivido, los ha hecho carne (se usa a menudo la palabra encarnizar) y por eso se permite transitarlos y recrearlos con toda libertad. Esta libertad le da al libro su aspecto más rico y más creativo: a diferencia de muchos textos académicos, especialmente los que como éste comenzaron como una tesis, La palabra despierta de Valeria Añón propone una lectura casi novelística de estos cronistas. Como en las novelas hay suspenso, conflicto y una descripción detallada de personajes y lugares. “1518: México. Tenochtitlán. Al alba, en una de las casas principales del centro-ceremonial mexica, el tlahcuilo prepara sus pinceles y su papel de amatl, “conoce los colores, los aplica, sombrea” para inscribir allí con elegantes grifos y estilizado trazo, el linaje del uey tlahtoani Moctezuma Xocoyotzin, noveno gobernante mexica” (p. 17). “1520. Segura de la Frontera. De noche, todo es calma en el real: unos pocos soldados, muy apercibidos, aguzan el oído para evitar ataques o emboscadas. En la unánime noche, un insomne capitán Cortés, revisa sus escritos y piensa en su destinatario: ¿qué decidirá el Emperador cuando reciba las noticias de la rebelión y la conquista?” (p. 18). Esta estrategia: pensar la ocasión de la escritura es un modo deslumbrante de introducir los textos. Es una apuesta, una interpretación, que yo a la vez imito en el inicio de este texto mío. 1 Se reproduce el texto leído como presentación del libro por Mónica Szurmuk el 25 de octubre de 2012, en la librería Eterna Cadencia, Buenos Aires. Valeria A˜ n´on, La palabra despierta. Tramas de la identidad y usos del pasado en cr´ onicas de la Conquista de M´ exico. Buenos Aires, Corregidor, 2012, 354 p´ aginas SZURMUK M´ onica Orbis Tertius - 2012, vol. 17 no. 18. ISSN 1851-7811. http://www.orbistertius.unlp.edu.ar Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educaci´on Centro de Estudios de Teor´ ıa y Cr´ ıtica Literaria Esta obra est´ a bajo licencia Creative Commons Atribuci´ on-NoComercial-SinDerivadas 2.5 Argentina