1 LA FUGA DE CEREBROS. EL CASO DE LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA EN ECONOMÍA Javier Ruiz-Castillo Departamento de Economía Universidad Carlos III de Madrid A lo largo del siglo XX y, sobre todo, desde la II Guerra Mundial, Estados Unidos ha constituido un polo de atracción indudable para científicos del mundo entero. Legiones de europeos, sud-americanos y centro-americanos y, más recientemente, asiáticos, han acudido a Estados Unidos a realizar un doctorado o una estancia post-doctoral. En muchos casos, algunos de los mejores han optado por desarrollar el grueso de su carrera académica en los centros de excelencia estadounidenses, dando lugar al fenómeno de la “fuga de cerebros” (brain drain) del que nos ocuparemos brevemente en este artículo. Ignoro a quien se debe esta elocuente denominación y cuando surgió por primera vez. Pero recuerdo vivamente que, hace 40 o 45 años, la imagen de cerebros huyendo o escapando hacia Estados Unidos, seguramente por buenas razones, era una imagen conocida entre los jóvenes españoles de la época, llegados a la universidad en torno a 1960. Algunos años después, durante los años 70, tuve la suerte de recalar en el Departamento de Economía de Northwestern University, en Evanston, el primer suburbio al norte de Chicago, en el estado de Illinois. En algo más de un lustro, 4 españoles terminamos allí un doctorado en esa disciplina. Pero al menos 12 españoles más terminaron el suyo por esas fechas en MIT, la Universidad de Wisconsin y, sobre todo, la Universidad de Minnesota. Junto a algunos pioneros anteriores, este grupo constituye la primera andanada de cierto peso de un fenómeno que habría de multiplicarse desde entonces: en 30 años Estados Unidos ha producido fácilmente un centenar de doctores españoles en economía. Como en otras ciencias, algunos de los mejores permanecieron décadas “fugados” en Estados Unidos; otros, trabajan hoy allí alimentando el brain drain. La mayoría, sin embargo, entre los que me cuento, unieron fuerzas a la vuelta con otros españoles que se doctoraron en el Reino Unido y algún otro país europeo, incluida España. Entre todos, vencimos los obstáculos y la inercia existentes, y las tesis según las cuales “la teoría económica es un lujo para España” y “desde España es imposible publicar en el extranjero”. Así, a finales del