Inmigración y política en Italia: ¿un sentido tras el sinsentido? Gabriel Echeverria “En medio de la rutina irrumpe de pronto la duda de si la necesidad natural de la marcha de las cosas... no será, precisamente lo contrario, la carencia de necesidad, lo aleatorio”. Bolívar Echeverría Introducción El análisis del fenómeno migratorio de los últimos 20 años en Italia, ha puesto en evidencia tres llamativas, pero solo aparentes, paradojas. La primera: los flujos migratorios han crecido de forma constante a la vez que lo han hecho los proclamas anti‐ inmigración y los esfuerzos por parte de los gobiernos por contenerlos o inclusive eliminarlos. La segunda: aunque el mercado de trabajo haya mantenido con continuidad elevadas tasas de desempleo, ha existido, a pesar de ello, una sostenida demanda de migrantes laborales que ha sido la principal razón del crecimiento acelerado de la inmigración. La tercera: la difusión en el debate político y entre la población de ideas como la de una “emergencia migratoria” o de una equivalencia entre inmigración y criminalidad que ha generado un amplio consenso para el discurso anti‐inmigración, ha coexistido, hasta el momento, con un proceso de integración de los migrantes relativamente exitoso, favorecido por políticas publicas eficaces a nivel local. Las cuestiones levantadas por cada una de estas paradojas, asieren todas al fenómeno migratorio, pero, al parecer, a aspectos muy distintos y no necesariamente interrelacionados del mismo. La primera, en términos generales, a la relación entre inmigración y políticas de control, la segunda a la inmigración y el mercado de trabajo, la tercera, en fin, a la inmigración y la integración en la sociedad de acogida. La descripción de un fenómeno social complejo, como es el de la inmigración, a partir de tres