Colesterol en la infancia: un terreno abonado a la confusión Sr. Editor: En respuesta al artículo «Editorial» de Gómez Gerique 1 , queremos manifestar lo si- guiente: en primer lugar, deseamos expresar nuestro agradecimiento al equipo editorial de MEDICINA CLÍNICA por considerar el tema y nues- tro artículo 2 de suficiente interés y actualidad como para merecer acompañarlo por un «Edi- torial». Asimismo, agradecemos al editorialista el tiempo y esfuerzo empleado en su labor. Coincidimos plenamente con el título del «edi- torial», el colesterol en la infancia es un terre- no abonado a la confusión. Sin embargo, cree- mos que la confusión depende más del afán del que abona que del tema en sí que, sin ser sencillo, no es más complicado que otros te- mas con menor grado de confusión (p. ej., presión arterial en la infancia). Pedimos dis- culpas a los lectores si nuestro trabajo ha con- tribuido a aumentar la confusión sobre el tema en cuestión, ya que su objeto, al igual que el de esta nota, era justo al contrario: aportar luz sobre aspectos puntuales del colesterol en la infancia. Creemos que, tal vez, el entusiasmo del edito- rialista por abarcar demasiados aspectos de un tema interesante y que conoce bien ha desenfocado en parte los modestos objetivos y logros de nuestro trabajo. Por ello, sin ánimo de entrar en debates alejados del trabajo en cuestión, consideramos que merece la pena recordar aquí que los objetivos de nuestro tra- bajo fueron, primero, comprobar si existen di- ferencias significativas en las medidas de coles- terol total en las diferentes provincias españolas participantes en el estudio RICARDIN, y com- parar gráficamente por edad y sexo las medidas de colesterol total de este estudio con las medi- das obtenidas de la revisión internacional. Y se- gundo, describir el patrón de distribución del colesterol total y colesterol ligado a lipoproteínas de alta densidad (cHDL) a través de modelos matemáticos, en función de la edad y el sexo de la población infantil española del estudio RI- CARDIN, y compararlo con el de otros estudios internacionales cualificados, comparables o si- milares, realizados en Japón y en los EE.UU. En línea con estos objetivos, las conclusiones de nuestro estudio fueron: primero, se encon- traron diferencias significativas entre los valo- res de colesterol de las distintas provincias es- pañolas que merecerían ser investigadas. Y segundo, el patrón del colesterol en niños y adolescentes españoles era equivalente al ob- servado en otros dos estudios internacionales, y no sigue un modelo lineal, sino que presenta un modelo curvilíneo, que hace necesario to- mar en consideración y plantear el valor pre- dictivo de las determinaciones aisladas de co- lesterol en niños y adolescentes. Profundizando en estos comentarios, y en un esfuerzo por poner de manera explícita posi- bles aplicaciones clínicas de estos hallazgos, en caso de que sea apropiado y se desee identificar a niños con valores elevados de co- lesterol, utilizar un único punto de corte (sea éste el que sea) para todo el rango de edad de infancia y adolescencia no parece adecuado. No obstante, en lo que sí discrepamos con el editorialista es que la determinación de coleste- rol total por química seca (Reflotrón) no sea un método adecuado para su evaluación oportu- nística. Numerosos programas de cribado y es- tudios poblacionales internacionales, incluida la infancia y adolescencia (Know Your Body Program) lo avalan. Si la determinación de co- lesterol en un niño concreto se hace con el mismo método de química sérica que el utiliza- do en nuestro trabajo, que permite hacerlo en la propia consulta del médico de una manera sencilla y rápida, es razonable la comparación directa con los valores de nuestra publicación previa 3 y los percentiles que ésta aportaba. Si en lugar de esto se decide obtener una mues- tra de sangre venosa y realizar la determina- ción mediante química húmeda, la utilización de los valores del RICARDIN como referencia resultará, como bien indica el editorial mencio- nado, en una sobrestimación de la proporción de niños identificados como «con problemas». Dicho de otra manera, si los resultados proce- den de un laboratorio convencional, y dejando de lado los problemas siempre presentes de variabilidad entre laboratorios y control de cali- dad de los mismos, se puede ser más laxo en la elección de los percentiles o puntos de corte a seleccionar. De nuevo, la decisión acerca de la convenien- cia de realizar o no estrategias de cribado ex- cede ampliamente los objetivos y resultados de este trabajo (en el que no se ofrecen per- centiles) a los que el editorial se refiere. Por otra parte, es extremadamente improbable que un solo trabajo, éste o cualquier otro, zan- je de manera inapelable todas las cuestiones relacionadas con un problema con tantas fa- cetas. Nuestra intención, que consideramos satisfecha con los datos que hemos aportado, es ayudar a esclarecer y no a confundir alguna de las apuntadas. Carlos Brotons, Rafael Gabriel y Javier Muñiz, en representación de los investigadores del estudio RICARDIN Unidad de Epidemiología Clínica. Servicio de Cardiología. Hospital General Vall d’Hebron. Barcelona. 1. Gómez Gerique JA. Colesterol en la infancia: un terreno abonado a la confusión [editorial]. Med Clin (Barc) 2000; 115: 658-660 2. Brotons Cuixart C, Gabriel Sánchez R, Muñiz Gar- cía J, Ribera Solé A, Málaga Guerrero S, Sáenz Aranzubia PE et al. Patrón de la distribución de colesterol total y cHDL en niños y adolescentes españoles: estudio RICARDIN. Med Clin (Barc) 2000; 115: 644-649. 3. Grupo Cooperativo Español para el Estudio de los Factores de Riesgo Cardiovascular en la Infancia y Adolescencia en España. Estudio RIDARDIN II. Valores de referencia. An Esp Pediatr 1995; 43: 5-10. Sr. Editor: En nuestro reciente editorial sobre colesterol en la infancia, realizado con ocasión de la publicación de una parte del estudio RICARDIN, pretendimos enforcar algunos puntos críticos relativos a la evaluación de la concentración de colesterol en niños. Lamen- tamos que una parte de este «Editorial» pueda haber sido mal interpretada, razón por la cual nos gustaría realizar unas breves puntualiza- ciones, sin ánimo de entrar en ningún tipo de polémica. Nos parece conveniente que se realicen estu- dios sobre las concentraciones de colesterol en la infancia en España, ya que el conoci- miento de éstos puede ayudar al diseño de programas preventivos y a poner llamadas de atención sobre el posible beneficio de mo- dificar determinados hábitos de vida. No obs- tante, no nos parece muy adecuado intentar comparar los resultados de estudios realizados con diferentes metodologías. Creemos que es interesante comprobar (al igual que hacen otros estudios) que las con- centraciones de colesterol en la infancia pre- sentan unas tendencias definidas y compara- bles a las observadas en otras poblaciones (aquí, sí estamos de acuerdo en que la meto- dología utilizada es menos importante). Manifestamos nuestra duda respecto a la efi- cacia y eficiencia de la detección oportunista de las elevaciones de colesterol en la infancia, sobre todo porque sólo en determinadas cir- cunstancias la detección de una concentra- ción de colesterol relativamente elevada acon- seja intervenciones específicas (como el uso de fármacos) por lo que, en ausencia de esta condiciones (clara historia familiar de hiperli- pemia genética o anticedentes paternos de en- fermedad coronaria precoz), no existe ninguna referencia consistente (como podrían ser las tablas de Framingham, por ejemplo, no aplica- bles a niños) que apoye las mencionadas in- tervenciones individuales. Por último, quisiéramos volver a insistir en el valor de la química seca en la determinación de la concentración de colesterol: no tenemos ninguna duda acerca de su utilidad para des- cartar elevaciones de colesterol (programas de cribado, sobre todo en adultos), ni tampoco para valorar la evolución temporal de un pa- ciente determinado (comparado consigo mis- mo y con la misma metodología, siempre que se realice la determinación con el rigor nece- sario), pero insistimos, no creemos que sea el método de elección para realizar un diagnósti- co, y mucho menos para decidir una interven- ción específica. Confiamos en que este breve resumen pueda aclarar aquellos puntos que parece ser no que- daron suficientemente explícitos en el mencio- nado editorial. Juan Antonio Gómez Gerique Laboratorio Central de Bioquímica Clínica. Fundación Jiménez Díaz. Madrid. Interpretación de la prueba de Paul-Bunnell Sr. Editor: Los anticuerpos heterófilos son aquellos que reaccionan frente a antígenos de una especie animal diferente a la propia. En la infección por el virus de Epstein-Barr (VEB) se producen unos anticuerpos heterófilos que re- accionan frente a hematíes de carnero y los aglutinan. La prueba clásica que detecta estos anticuerpos es el test de Paul-Bunnell (P-B) 1 , el método más rápido para el diagnóstico de mononucleosis infecciosa, producida por VEB. En la actualidad se utilizan variantes de este método en muchos servicios de urgencias y centros de salud, sobre todo en pediatría, a pesar de que la sensibilidad en la infancia es baja (se detecta en un 60% de los niños a lo largo del proceso) 2 . Aunque en adultos es más sensible (más del 90% presentarán P-B positi- vo en la evolución de la mononucleosis infec- ciosa) 2 , su especificidad es menor que la obte- nida mediante las técnicas serológicas que identifican anticuerpos frente a componentes del propio virus (antígeno nuclear –EBNA–, cápside –VCA– y antígenos precoces –EA–), que oscila entre un 85 y el 100% 3 . En efecto, los anticuerpos heterófilos del P-B pueden aparecer en otras situaciones, incluso en cua- dros en los que la implicación patogénica del VEB no ha sido demostrada: un 1,5% de los 598 CARTAS AL EDITOR Documento descargado de http://www.elsevier.es el 18/04/2013. Copia para uso personal, se prohíbe la transmisión de este documento por cualquier medio o formato.