Neruda, ética animal y comida Arnaldo Donoso Aceituno Universidad de Concepción En general, la crítica nerudiana considera que los poemas que tematizan la condición animal aparecen con Estravagario, libro que Neruda publicó en 1958. Jaime Concha, por ejemplo, ha llamado brevemente la atención sobre cómo en Estravagario se manifiesta un “vivo y genuino interés por los animales” que tiene su origen en la experiencia asiática de Neruda y en aquellos animales explotados, “escarnecido[s] en los zoológicos y en el circo de la civilización occidental- cristiana, hecha a la medida de nuestra soberbia antropocéntrica” (“Confieso” 250; “Neruda” 144). Por su parte, Giuseppe Bellini propone que Neruda desde el libro de 1958 procura escapar de la muerte a través de “un coloquio íntimo con la naturaleza, con las cosas, los animales, hasta con las criaturas más humildes: la araña, las ‘dulces, sonoras, roncas ranas’, el gato, el conejo, el cerdo” (46), con cantos de cantos de amor, de diálogo, de comprensión y admiración por todas las criaturas. Desde el punto de vista estilístico, concluye el crítico italiano, “el recurso a estos elementos, a entes de una vida inferior, significa un cambio sustancial en la poesía nerudiana” (46). La diferencia de los enfoques de Concha y Bellini estriba en que para el primero el cambio en la poesía de Neruda apunta a la vindicación, aprecio y dignificación del animal como respuesta al sufrimiento, explotación, discriminación, muerte y demás formas de especismo; mientras que el segundo no cuestiona mucho el discurso de la especie, aquel que promueve la especificidad y superioridad de la especie humana respecto del resto de lo vivo. Así, lo notable del trabajo de Concha es que se atreve a corregir una de las limitaciones que la crítica nerudiana arrastra desde hace tiempo: la sistemática lectura del corpus nerudiano desde una ética y un sentido de