1. Punto de partida: el aumento en la concentración de la riqueza Durante años, los cientíicos sociales han centrado sus observaciones en las desigualdades de ingresos, de hecho es precisamente ese tipo de distribución el que mide el coeiciente Gini, que es el indicador que con más frecuencia se utiliza para evaluar el nivel de desigualdad de un país. En efecto, las diferencias de renta entre los ciudadanos siguen siendo una cuestión muy relevante. No en vano, en el ámbito de la OCDE, tal y como se expresa en la Figura 1, las diferencias entre ricos y pobres han aumentado considerablemen- te en los últimos veinte años. En particular, se obser- va claramente el crecimiento desproporcionado de la decila más rica de la población (en la igura aparece como “Top 10%”). Figura 1. Evolución de la renta de los hogares en la OCDE Fuente: extraído de OCDE 2015a, 21. La distribución de los ingresos en nuestro país tam- bién se ha vuelto más desigual, sobre todo a partir del comienzo de la crisis. Así, tal y como se pone de ma- niiesto en la Figura 2, el coeiciente Gini de España ha pasado de ser 31,9 en 2007 a 34,7 en 2014. Junto con la preocupación por la desigualdad de renta, en los últimos años se ha acrecentado el interés por la desigualdad de patrimonio (Piketty 2014). En este sentido, se ha constatado que la distribución del patri- monio está mucho más concentrada que la distribu- ción de la renta. Así, en lo que se reiere a la media de los países de la OCDE, el 10% más rico de los hogares posee el 50% del patrimonio (como puede observarse en la Figura 3), en tanto que el 10% más rico de los individuos “solo” recibe el 25% del total de las rentas (OCDE 2015b). Figura 2. Evolución del coeiciente Gini en España (2007- 2014) Fuente: elaboración propia a partir de los datos de Eurostat. Figura 3. Distribución del patrimonio en los percentiles su- periores en los países de la OCDE (año 2010 o último año del que se tengan datos) Fuente: extraído de OCDE 2015b, 5. La constatación del aumento de la desigualdad no puede considerarse como un aspecto irrelevante por diferentes razones. Así, desde un punto de vista ético, las desigualdades (tanto de renta como de patrimonio) suponen un auténtico desafío al principio de igualdad de oportunidades en el que se basan la mayoría de las sociedades occidentales. Igualmente, el ensancha- miento de las diferencias entre los ciudadanos pone en tela de juicio el sistema meritocrático en virtud del cual se acostumbran a justiicar las diferencias de trato. En ese sentido, existe evidencia empírica que demuestra la escasa movilidad social existente en las sociedades actuales, que se pone de maniiesto en cuestiones como el marcado inlujo, casi determina- ción, que los ingresos de los padres tienen sobre los ingresos que en el futuro percibirán los hijos en el SITUACIÓN ACTUAL Y PERSPECTIVAS DE LOS IMPUESTOS SOBRE LA RIQUEZA César Martínez Sánchez (Universidad Autónoma de Madrid) 21