1 «Vengamos a los vulgares»: clásicos y nacionales (1492-1648) Pedro Ruiz Pérez Universidad de Córdoba No es infrecuente que al considerar el proceso sobre el que se centra la reflexión de este volumen se sume a los dos términos propuestos en la convocatoria un tercer elemento, para hablar de la «historia de la literatura nacional», en cuyos orígenes se han señalado los momentos decisivos (Ramos Corrada, 2000). Pero este nacimiento no se produce como el de Atenea, compuesta con todas sus armas, sino que hasta llegar al momento que puede considerarse fundacional se ha trazado un camino, en el que la falta de una meta predefinida no excluye la aparición de pasos encadenados en una dirección que es la que finalmente adopta el discurso de la modernidad postilustrada. Llámese «prehistoria» o «historia», pretendo recuperar esa perspectiva que completa la triada habitual 1 , para situarnos en los preliminares, cuando se van estableciendo los cimientos del discurso más formalizado y central hasta los finales del siglo XX. No trato de recomponer en unas breves páginas una historia completa, sí de apuntar a algunos elementos y hacerlo desde la perspectiva de su historicidad, para ensayar un acercamiento a los albores de una conciencia que actúa como tal en cuanto que situada en el tiempo y en la noción aún borrosa de su constitución en historia 2 . «Nación»: uso y significado En dicho proceso la transformación del término «literatura» hasta su actual campo semántico resulta relativamente tardía y cuenta con un esclarecedor estudio (Álvarez de Miranda, 1992), donde también encontramos valiosas indicaciones sobre el concepto y la palabra «nación» en la perspectiva que nos ocupa. Convendría, con todo, adelantar el acercamiento lexicográfico un par de siglos en lo relativo a este último término, para buscar un punto de aproximación con la consideración de lo literario y su doble articulación, pues parto de la percepción de que el dibujo de una «literatura nacional» no es ajeno a la conformación de una «nación literaria», en un discurrir que rompe con frecuencia el paralelo, para interferirse mutuamente. Un esbozo inicial nos lo puede proporcionar la consulta del CORDE. En la primera mitad del siglo XVI se comprueba un notable impulso al uso del término «nación» en la pluma de los cronistas de Indias, que lo emplean con frecuencia para referirse a las «naciones» indígenas, con el sentido del vínculo que une a los individuos en función de su nacimiento, con lo que se vincula a conceptos como el de «raza» o «tribu», es decir, con un valor de gentilicio. Al mismo tiempo, el uso revierte en la denominación y caracterización de los españoles, como si en contacto con la alteridad indiana aflorara una conciencia de lo propio, a partir de la formulación de un discurso de empresa colectiva más allá (cuando no en oposición) a la exaltación de heroísmos individuales. Como protagonistas o como estrictos narradores de los hechos, los cronistas asumen en alto grado la conciencia de su relación —por armas o letras— con un proceso de expansión nacional y formación de su conciencia como tal, precisamente en relación con lo ajeno que representa el Nuevo Mundo (Ruiz Pérez, en prensa). Así se manifiesta, por ejemplo, Bartolomé de las Casas en su Historia de las 1 Son de aplicación las observaciones de Romero Tobar, 2007; sigo más bien el planteamiento hecho por Mortgat-Longuet, 2006, para la literatura francesa. 2 De manera más sistemática, esta materia es objeto de estudio del proyecto La República de los poetas. Textos fundacionales (HUM2004-02373/FILO del Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica), que coordino como IP; he realizado acercamientos parciales en Ruiz Pérez, 2004a y 2004b.