1 "DESINHIBIDAS. LAS MUJERES QUE ROMPIERON LOS MUROS DEL FRANQUISMO" Sofía Rodríguez López 1 Hablar de la movilización y el asociacionismo femenino en la España del tardofranquismo no es tarea ingrata, gracias a la bibliografía existente, aunque quizás se haya magnificado el fenómeno. Aludir a la complejidad del activismo de las mujeres, no significa que esa fuera la tónica dominante en las últimas décadas de la dictadura. Aún entonces, una mayoría de la población mantenía su desafección por la reunión pública y la militancia, gracias a la política del miedo instaurada en la posguerra y el repliegue consecuente hacia la vida privada. Dicha afirmación no significa que el régimen hubiera fulminado la ilusión de los partidos y organizaciones republicanas en el exilio, como las Mujeres Antifascistas, ni la actividad clandestina en el interior del país. Pero es cierto que la presencia guerrillera sufrió un varapalo casi definitivo durante el ministerio de Camilo Alonso Vega en Gobernación, y que las redes que el Socorro Rojo de París, Bucarest o Moscú mantenía en los años 50 con los presos políticos españoles, eran bastante débiles. Para valorar en su justa medida a las mujeres que empezaron a romper los “muros del franquismo”, a nivel político, social, pero sobre todo, ideológico, hemos de recorrer un largo trecho que avanza por acciones individuales de protesta contra el hambre, la represión, o la educación de sus hijos, y que terminaría desembocando en el asociacionismo de las amas de casa, los barrios, católicos de base o sindicatos de clase con intereses corporativos, como el de las enfermeras que promovieron las “huelgas de batas blancas” o las PNNs en la Universidad. La toma de conciencia de las mujeres como sujetos políticos, que podían emprender acciones de lucha para conseguir mejoras en su situación familiar, o los cambios legislativos necesarios para acceder a un trabajo, representaron un despertar feminista al que había que abrir paso entre el movimiento obrero, la oposición a la dictadura y la bandera de la amnistía. No sería hasta la eclosión asociativa de los años 70, que se configuró en España un tapiz de organizaciones en las que las mujeres pudieron desinhibirse y canalizar sus ambiciones personales, políticas y profesionales. Una cosa estaba clara: tanto la rebeldía de las madres rurales, que instrumentalizaban el paternalismo del régimen en plena autarquía, como las agendas radicales de las feministas del 68, que atacaban el patriarcado capitalista de las democracias occidentales, constituyeron herramientas políticas que, al margen de las instituciones, han hecho de las mujeres agentes de cambio histórico. REBELDÍAS COTIDIANAS. EL ACTIVISMO SIN MILITANCIA Si durante el primer franquismo no se hubieran detectado diferentes expresiones de disidencia y pequeñas rebeldías cotidianas entre las más débiles (SCOTT, 2003 Y CABRERO, 2006), quizás el régimen hubiera relajado antes la dura prohibición de aquellas concentraciones profanas que, en los años 50, podían interpretarse como una manifestación de la voluntad popular contra el mismo (TUSELL, 1993, 192-205). Las acciones de protesta ante esa censura, que comprendía desde la celebración del carnaval hasta el acompañamiento a un difunto de pasado izquierdista, se ampliaron y diversificaron al final de la dictadura, con nuevos repertorios reivindicativos. Si la represión permanecía constante en la vida cotidiana, las huelgas de hambre o los encierros en iglesias se hicieron cada vez más populares entre mujeres que pretendían llamar la atención sobre conflictos que, casi siempre, protagonizaban sus maridos. Tal sería el caso de la amnistía a los presos políticos, los despidos mineros en Asturias, * Doctora en Historia Contemporánea. Grupo “Investigaciones Históricas Andaluzas” y Proyecto I+D+i “Derecho, dictadura y memoria” (DER2009-10446/JURI).