Fallos en la marcación diatópica. El caso de abadesa Soledad Chávez Fajardo (Universidad de Chile/ Universidad Autónoma de Madrid) 1. INTRODUCCIÓN El Diccionario de chilenismos y de otras voces y locuciones viciosas 1 , que el sacerdote Manuel Antonio Román publicó entre 1901 y 1918, es conocido, sobre todo, por ser uno de los más extensos dentro de lo que se conoce por lexicografía precientífica o de autor 2 , al tener cinco volúmenes y contener más de 15 mil entradas. Pero más que por su extensión, el Diccionario de Román resulta una obra interesante por su especial tipología. Si analizamos con detenimiento su lemario, se detecta que la clásica dicotomía entre un diccionario diferencial y un diccionario prescriptivo no es tan marcada como se suele estipular. Debemos, empero, destacar, que esto suele darse en la lexicografía latinoamericana decimonónica, donde los criterios de incorporación de voces suele ser flexible, por lo que más que diccionarios diferenciales o normativos, estamos ante obras mixtas, como el caso del diccionario de Román, una de las obras más emblemáticas de este tipo 3 . De hecho, Haensch y Ormeñana (2004: 307) lo incluyen como uno de los pocos casos, dentro de la lexicografía diferencial hispanoamericana, donde se funden ambos tipos (el diccionario de regionalismos y el de barbarismos, en palabras de los autores). De todas formas, no está demás precisar que las codificaciones producidas por las nacientes repúblicas latinoamericanas aún no se 1 De ahora en adelante nos referiremos a él como Diccionario de chilenismos. 2 Por lexicografía precientífica se entiende, usualmente, a un trabajo: «fruto de una evolución espontánea, pragmática, rutinaria, en un ambiente precientífico, y sin una teoría lingüística coherente que pudiera servirle de base aprovechamiento de algunas fuentes poco fiables, inexactitud de algunas marcas diatópicas y presentación de peninsularismos como americanismos» (Haensch, en Matus 1994: 6-7) y a sus autores como: «lexicógrafos improvisados, trabajadores entusiastas sin formación profesional, alejados completamente del quehacer lingüístico. Su trabajo se reduce a coleccionar indiscriminadamente todo aquello de la expresión que les circunda que les ha parecido típico, interesante, original […]; su folklorismo lexicográfico desconoce las limitaciones de parámetros diatópicos, diastráticos, diafásicos y diacrónicos, el contraste entre lexemas y lexías, las diferencias entre los ámbitos de lengua y habla, las divergencias entre definiciones nominales y descriptivas, y otros muchos rasgos que forman parte de las exigencias mínimas de un trabajo serio». (López Morales 1991: 309). De todas formas, si bien se está ante un trabajo diccionarístico que no está en manos de lingüistas, es la obra de intelectuales de renombre dentro de la historia cultural en Chile. Por lo mismo, para nosotros, se entenderá por etapa precientífica aquella donde los diccionarios son elaborados por intelectuales sin formación lingüística y, por razones temporales comprensibles, sin una metodología estrictamente lexicográfica. 3 Tal es el caso del Diccionario de provincialismos y barbarismos centro-americanos de Salomón Salazar García (1910); el Diccionario argentino: Ilustrado con numerosos textos de Tobías Garzón (1910); el Vocabulario argentino. Neologismos, refranes, frases familiares, etc., usados en la Argentina de Diego Díaz Salazar (1911) o el Diccionario de argentinismos, neologismos y barbarismos: con un apéndice sobre voces extranjeras interesantes de Lisandro Segovia (1911), entre otros.