1 Las escenas temidas de los estudiantes y el desarrollo de competencias para afrontar situaciones profesionales en Educación social Paco López, Lisette Navarro-Segura e Isabel Torras Facultat dEducació Social i Treball Social Pere Tarrés URL. Grup GIAS. 1.- Introducción: La complejidad de los escenarios en la que desarrollan su actuación los educadores y educadoras sociales ponen a prueba, de manera muy especial, las capacidades para afrontar situaciones que comporten una elevada dosis de incertidumbre o de tensión emocional. Muchos profesionales responden a esta exigencia a partir de la experiencia acumulada o de la maduración personal. En estos casos, con el paso del tiempo, el propio educador/a hace que evolucione, de manera paralela, su capacidad para actuar ante las propias dificultades vitales (las muertes de personas cercanas, los fracasos o frustraciones, la gestión de los miedos…) y su competencia para ayudar a otras personas en situaciones análogas. Sin embargo, igual que un profundo conocimiento teórico del comportamiento humano no garantiza por sí solo la capacidad para actuar o ayudar a actuar adecuadamente, la experiencia no es, tampoco, por sí sola, garantía de éxito. Los modelos teóricos que, a partir de la lógica sistémica (Von Bertalanfy, 1976) se han ido desarrollando en las últimas décadas, nos han ayudado a aceptar que la incertidumbre y la complejidad, lejos de ser anomalías ocasionales de algunas situaciones, son metáforas definitorias del ser humano y sus relaciones (Bauman, 2003; Morin, 2001; Romero, 2003). Para los profesionales que intervienen en contextos sociales y educativos, eso implica superar la simplicidad del debate teoría-práctica o la oposición entre reflexión y acción. No es posible desarrollarse como profesional competente para actuar en entornos complejos sin aceptar la necesidad de integrar experiencia y reflexión, práctica y perspectiva crítica (Riberas y Vilar, 2014; Schön, 1992). La competencia efectiva implica integrar los ejes clásicos del saber (conceptos), saber hacer (procedimientos) y actitudes (saber estar) en un todo activo que oriente y de sentido a esos elementos. En la práctica, formarse como profesional es una tarea que comporta alimentar cuatro dimensiones que se necesitan mutuamente: Perspectiva: el saber del profesional exige marcos de referencia contrastados sobre las relaciones humanas que permitan también entender que esas relaciones están condicionadas por estructuras políticas, sociales o económicas más amplias. La