Racismo, colonialismo y violencia científica Eduardo Menéndez 1 Racismo, colonialismo y violencia científica EDUARDO MENENDEZ "El genio más brillante es un eunuco intelectual cuyo conocimiento no se propaga tanto como es posible. G.G. Simpson 1 Cuando se habla de racismo muchas personas oponen reparos a que este problema sea tratado excepto para definir la situación norteamericana, sudafricana o de otros pocos casos similares. Los reparos pueden resumirse (a pesar de su variedad) en una sola posición: salvo ejemplos no demasiado relevantes, en América Latina el racismo no es un problema central. Esta manera de entender o describir nuestra propia realidad que también incluye a Argentina y Uruguay, está señalando de entrada el rol mistificador, divisor y enmascarador del racismo. Porque estas personas, por no decir todos nosotros, establecemos una suerte de división, esquematización y simplificación permanente de la cotidianeidad en que vivimos y de los procesos históricos que nos han ido constituyendo. Son los mismos que niegan la existencia del racismo, los que dicen de buena o mala fe que este es un problema inventado por los judíos, o que debe ser analizado "adonde haya blancos y negros", pero no entre nosotros. Son los mismos que tratan de acotar el racismo donde hallan una situación "clara de raza o de color", los que repiten en su forma más mecánica una de las características básicas del racismo en cuanto a ideología: anular y malinterpretar las causas que realmente están produciendo determinados fenómenos económicos y sociales, en beneficio de una interpretación de la cual se hacen cargo en forma indirecta las clases dominantes vigentes. El racismo no es solamente una cuestión de segregar "negros" u "odiar judíos": el racismo debe ser referido a las formas de relaciones sociales y culturales que implican discriminación, subordinación, compulsión y explotación de los otros en nombre de pretendidas posibilidades y disponibilidades, ya sean biológicas, sociales o culturales. Toda relación social que signifique "cosificar" a los otros, es decir negarle la categoría de persona, de igual; toda relación que permita la inferiorización y uso de los otros es racismo. Toda nuestra historia latinoamericana está montada sobre relaciones raciales: la relación con el indio, con el negro, con los inmigrantes europeos, con los migrantes latinoamericanos de Chile, Paraguay y Bolivia, con los migrantes de las provincias "pobres". Con todos ellos y en su Comentario [p1]: