239 Fundación de Estudios Rurales ANUARIO 2016 L as fibras naturales son fundamentales para la sociedad humana desde el prin- cipio de la civilización. En México y Pa- kistán se han encontrado vestigios de artículos de algodón que datan de 5.000 años antes de Cris- to (a.C.). En la tradición china, la historia de la se- da empieza en el siglo XXVII a.C. En el caso de la lana se han descubierto restos arqueológicos en Dinamarca que datan de 1.500 años a.C. Sin embargo, la importancia económica de las fibras naturales se inicia con la Revolución In- dustrial (a partir de mediados del siglo XVIII), cuando el algodón se convirtió en uno de los gran- des motores de la industria textil a nivel mundial (Hobsbawm, 1979: 53). Desde la Revolución In- dustrial hasta la Segunda Guerra Mundial, las fi- bras naturales serán las grandes protagonistas en diferentes sectores económicos, tales como, por ejemplo, el ya citado sector textil, pero también la industria naval (para la fabricación de cables, cuerdas…), la construcción civil y la agricultura (sobre todo en las tierras tropicales). El protagonismo económico a nivel mundial alcanzó a casi todas las fibras naturales, ya fue- ran de origen vegetal, animal o mineral (cuadro 1). Diversos países del continente sudamerica- no y de África producían fibras naturales y las ex- portaban in natura para las industrias instaladas en América del Norte y, sobre todo, en Europa. Hubo en ese periodo un intenso comercio mun- dial alrededor de las fibras naturales, que em- pleaba a miles de trabajadores asalariados en las fábricas de los países desarrollados y a miles de productores y trabajadores rurales en las planta- ciones de los países subdesarrollados. En algu- nos países (como Brasil y Tanzania), las fibras na- turales estuvieron incluso entre las principales mercancías destinadas a la exportación. Pero, tras la Segunda Guerra Mundial, las fibras natu- rales comenzaron a sufrir la competencia direc- ta de las fibras semisintéticas (biopoliéster y vis- cosa) y sintéticas (acrílico, nailon, poliéster, poli- propileno…), obtenidas como subproductos de la industria petroquímica. Las ventajas de las fibras semisintéticas y sin- téticas eran, al menos, de dos tipos: su bajo coste de producción y la posibilidad de producirlas en gran escala (además de ofrecer muchas aplica- ciones por su diversidad de tamaño y colores). Era todo lo contrario de lo que ocurría con las fibras naturales, producidas, en general, por agricultores familiares en explotaciones de pequeña escala y con las limitaciones típicas de este modelo agrícola a lo largo de la cadena productiva (FAO, 2012). Filipe Prado Macedo da Silva Doctorando de la Universidad Federal de Uberlandia (Brasil) El mercado de fibras naturales en una economía globalizada