El primer viaje de Dino - ¡Nos vamos de vacaciones!- gritó Diego. Y todos sus juguetes comenzaron a empujarse para quedar en la parte de arriba del baúl. Menos Dino, el pequeño dinosaurio verde y amarillo que, como siempre, se escondió en la esquina, debajo del tren de madera. Y es que cada vez que Diego se iba de vacaciones, metía la mano en el baúl de los juguetes y sacaba uno al azar. Y lo llevaba con él de viaje, a vivir aventuras estupendas. Pero Dino tenía miedo de todo. De los trenes y de los aviones, del agua y de los animales, de los ruidos y de las personas. Y pocas veces se atrevía a salir del baúl, y mucho menos a arriesgarse a ser elegido para acompañar a Diego en sus vacaciones. Los padres de Dino estaban muy preocupados. Y los demás juguetes estuvieron de acuerdo en ayudarles a solucionar el problema. - Dino, no se puede vivir con miedo a todo cuando no hay razón para ello. Te pierdes experiencias maravillosas y lecciones importantes. Y como el miedo sólo se supera enfrentándose a él, este año vas a ir tú de vacaciones. De nada sirvieron los gritos y lloros de Dino. Todos los juguetes le empujaron hacia arriba y se apartaron, así que cuando Diego metió la mano en el baúl sólo tocó un dinosaurio tembloroso. - ¡Qué alegría, Dino, con las ganas que tenía de que te tocara a ti!- gritó Diego, feliz-. Este año vamos a la playa. ¡Verás lo bien que lo vamos a pasar! Dino se pasó el viaje en el coche temblando y con los ojos cerrados. Cuando subieron al avión estaba asustadísimo, pero se atrevió a mirar por la ventanilla ante los gritos de entusiasmo de Diego…¡Qué maravilla!