Herbert Marcuse - Psicoanálisis y política Pág. 1 de 23 Herbert Marcuse Psicoanálisis y política Los tres textos siguientes constituyen el grueso de Psicoanálisis y política, breve compilación que sólo incluía además otro prólogo a Eros y Civilización y el artículo El problema de la violencia en la oposición. La versión española, a partir de la original alemana Psychoanalyse und Politik (Europäische Verlagsanstalt, Frankfurt am Main, 1968), fue publicada por Ediciones Península, Barcelona, 1969. 1. Teoría de los instintos y libertad Conferencia pronunciada en el marco de un ciclo de conferencias de las universidades de Francfort y Heidelberg, en el centenario del nacimiento de Sigmund Freud, en el verano de 1956. I Señoras y señores: La discusión de la teoría freudiana desde el punto de vista de la ciencia y de la filosofía políticas precisa de justificación -tanto más, cuanto que Freud ha subrayado una y otra vez el carácter empírico-científico de su labor. La justificación tiene que ser por partida doble: en primer lugar, debe mostrar que la teoría freudiana, por su propia conceptuación, está abierta y se enfrenta al planteamiento político -con otras palabras: que su concepción, al parecer puramente biológica, es, en el fondo, sociohistórica. Esto lo deberá poner en claro la conferencia misma. 1 En segundo lugar debe mostrar hasta qué punto la Psicología, por un lado, es actualmente parte esencial de la ciencia política y, por otro lado, la teoría freudiana de los instintos -y sólo de ella se trata aquí- comporta tendencias decisivas de la política actual en su concepto encubierto. Empezamos con este segundo aspecto de la justificación. No se trata de introducir conceptos psicológicos en la ciencia política, de explicar psicológicamente los acontecimientos políticos. Esto significaría explicar lo que fundamenta por lo fundamentado. Por el contrario, la psicología en sí misma debe revelarse políticamente; no solamente de modo que la psique aparezca cada vez más inmediatamente como una porción del todo social -de modo que la individuación sea casi equivalente a no participación, incluso a culpa, pero también al principio de la negación, de la revolución posible-; sino también de tal modo que lo general, parte de lo cual es la psique, sea cada vez menos «la sociedad» y cada vez más «la política», es decir, la sociedad caída en manos del poder e identificada con él. Hemos de intentar definir, ahora ya desde el principio, lo que entendemos por «poder», porque el contenido de este concepto es central en la teoría freudiana de los instintos. El poder es efectivo en todas partes, donde los objetivos y propósitos del individuo y los modos de esforzarse para conseguirlos le son dados al individuo y él los ejecuta como dados. El poder puede ser practicado por hombres, por la naturaleza, por las cosas -incluso puede ser interior, ejercido por el individuo sobre sí mismo, apareciendo en la forma de autonomía. Esta forma juega un papel decisivo en la teoría freudiana de los instintos: el Super-Yo reúne en sí mismo los modelos autoritarios -el padre y sus representantes- y convierte sus órdenes y prohibiciones en sus propias leyes, en su propia conciencia. El dominio de los instintos pasa a ser la empresa propia del individuo: la autonomía. Con ello, empero, la libertad parece convertirse en un concepto imposible, puesto que no hay nada que no le sea prescrito al individuo de una u otra manera. Y de hecho, la libertad sólo puede ser definida dentro del marco del poder, si es que la historia hasta el presente debe 1 Véase “Teoría de los instintos y libertad” en: Sociológica, t. I de los “Frankfurter Beiträge zur Soziologie”, Francfort del Meno, 1955, págs. 47 y ss., y Eros and Civilization, Boston, 1955 (en alemán: Triebstruktur und Gesellschaft, Francfort, 1965).