622 FMC. 2007;14(10):622-5 M aría tiene 52 años de edad, es madre de dos hijas: la mayor de 30 años y la menor de 25. Fue intervenida de un mioma a los 45 años, le practicaron una histerectomía con doble anexectomía. No fuma, su última toma de presión arterial, de hace 6 meses, es de 130/85 mmHg. No hace ejer- cicio, pero camina aproximadamente 45 min cada día a buen paso, y en general se siente satisfecha con su vida. Hoy acu- de a nuestra consulta tras una visita de control con su gine- cólogo privado. Trae el resultado de la mamografía, que no muestra cambios respecto a la del año pasado y una receta de Risendonato. El ginecólogo le ha explicado que a su edad es conveniente prevenir la osteoporosis y, además, este fár- maco reduce el riesgo de cáncer de mama. María ha leído el prospecto del fármaco y no se decide a comenzar el trata- miento, así que ha decidido acudir a la consulta para pedir opinión. Marco de referencia En nuestro entorno social, correspondiente a un país desarro- llado, la preocupación por la salud ha cambiando desde el control de las enfermedades trasmisibles hacia la prevención y el control de las enfermedades crónicas. Ciudadanos apa- rentemente sanos se someten de forma voluntaria a pruebas médicas y tratamientos diversos con el objetivo de evitar o retrasar la aparición de distintas enfermedades. Actualmente estamos asistiendo al auge de la medicina preventiva. La cuestión es evaluar la pertinencia de cada una de las actuaciones destinadas a evitar males futuros y confrontarlas con la posibilidad de producir males reales secundarios a nuestras intervenciones. Los elementos que hay que valorar ante una actuación pre- ventiva son claros a priori: la magnitud del problema, la posi- bilidad de cambiar su curso natural, la existencia de pruebas de detección fiables y accesibles, la disponibilidad de un tra- tamiento eficaz y la posibilidad económica de poder aplicar el programa preventivo a toda la población susceptible. Sin una adecuada evaluación de los programas preventi- vos podemos caer en el peligro de emprender campañas in- justas, cuando el programa no alcanza a toda la población susceptible, o cuando se deja de instaurar otro programa con mejor balance coste/beneficio. Sin una adecuada evaluación de la pertinencia de la actua- ción preventiva podemos caer en actuaciones maleficentes cuando medicalizamos innecesariamente la vida de sujetos sanos. Problemas morales En el caso que se nos presenta los problemas pueden sepa- rarse en: 1. Problemas derivados de la prescripción del fármaco: – ¿Está indicado iniciar tratamiento con Risendonato en esta paciente? – ¿Deberíamos realizar alguna prueba complementaria antes de iniciar el tratamiento? – ¿Está indicada la densitometría en esta paciente? – En esta paciente, ¿cuál sería el mejor consejo para evi- tar fracturas óseas en el futuro? 2. Problemas derivados de la relación con el especialista. Cuando no estamos de acuerdo con la actuación de un espe- cialista, ¿cuál es la mejor manera de actuar?: – ¿Deberíamos callar? – ¿Deberíamos mostrar nuestro desacuerdo? – ¿Deberíamos hablar con el especialista? Caso de ética de las actividades preventivas: María viene del ginecólogo Marisa Rubio y Eva Peguero a Médica de familia. Miembro del grupo de ética de la CAMFIC. Área Básica de Salud (ABS) Girona 3. Institut Català de la Salut (ICS). Girona. b Médica de familia. Miembro del grupo de ética de la CAMFIC. ABS Castelldefels 1. ICS. Castelldefels. Barcelona. España.