INTRODUCCIÓN Cuando en 1975-1976 Chile introdujo reformas ma- croeconómicas estructurales de largo alcance, se constitu- yó en el país en desarrollo que más temprano inició cam- bios económicos orientados al mercado y que incluían una amplia liberalización comercial. A partir de dicho proceso, la economía chilena se ha caracterizado por basar su cre- cimiento tanto en la explotación de sus recursos naturales como en la utilización del medio ambiente por parte de los distintos sectores productores y exportadores, entre otros, la pesca, la minería, la agricultura, las industrias forestal y acuícola, y el turismo. Dentro de este contexto, el desarrollo de las actividades productivas ligadas al comercio interna- cional, la inversión extranjera y el creciente proceso de glo- balización económica, social y ambiental pueden afectar negativamente la conservación de la biodiversidad en Chi- le. En efecto, el crecimiento económico presiona sobre el medio ambiente y los ecosistemas y, de esa manera, sobre la biodiversidad en sus distintas formas. La biodiversidad es un elemento clave en el manteni- miento de los servicios de los ecosistemas que sirven de so- porte a la vida y, por lo tanto, al ser humano. Sin embargo, el aumento de la escala de las actividades humanas y sus efectos sobre el medio ambiente a través de la pérdida o mo- dicación del hábitat, la sobreexplotación de los recursos naturales, la contaminación, y la introducción de especies foráneas en los ecosistemas ha llegado a constituirse en la principal amenaza para la conservación de la biodiversidad en el mundo (Millenniun Ecosystem Assessment, 2005). Más allá de estos factores que afectan directamente la conservación de la biodiversidad, desde un punto de vista económico, el elemento clave para explicar la destrucción de los ecosistemas ha sido la inexistencia de mercados que reejen e internalicen adecuadamente el valor de los dis- tintos servicios que la biodiversidad provee a la sociedad. Existen una serie de bienes y servicios que los ecosistemas proveen, que pasan por el mercado, tales como los alimen- tos, pieles, frutas, semillas, agua, etc., que luego son consu- midos o comercializarlos y que tienen un valor directo que puede ser representado por el precio de mercado. Por otra parte, existen también valores de uso indirectos de la biodi- versidad, que surgen del goce de bienes y servicios propor- cionados por la naturaleza, sin ser explotados o consumidos directamente por sus beneciarios, y que están asociados principalmente a las funciones ambientales de las áreas natu- rales; por ejemplo, la abundante vegetación de algas y plan- tas presente en los estuarios costeros provee de alimento a peces y mariscos, los que a su vez sirven de alimento a otros seres vivos. Lamentablemente, para estos servicios indirectos de la biodiversidad, no existen mercados que puedan reejar los benecios que ellos originan, y por lo tanto un precio que internalice el costo social de la sobreexplotación de los ecosistemas, racionalice su utilización e incentive un manejo sustentable de la biodiversidad. En la actualidad, el fenómeno de la globalización ha acentuado el proceso de transformación del ambiente na- tural, y con ello ha hecho más necesario compatibilizar cre- cimiento económico con protección del medio ambiente, y por tanto, con la conservación de la biodiversidad. De este modo, por ejemplo, di Castri (2003) ha señalado que una globalización mal regulada y sobre todo mal comprendida puede tener efectos muy dañinos sobre la biodiversidad. Añade este autor que también debe notarse que globaliza- ción y biodiversidad están en un constante estado de interac- ción, retroalimentación, e incluso control recíproco. Muchos aspectos de la globalización, y en particular el libre acceso a la información digital, a la información genética, a la inno- vación tecnológica, y al comercio y turismo internacional, pueden constituirse en unas de las principales herramientas para la conservación y la valorización de la biodiversidad con el n de alcanzar un desarrollo sustentable. No obstante, como Figueroa et al. (2003a) han señala- do, la globalización y el comercio también pueden inducir cambios positivos para el medio ambiente, en la medida que las empresas e industrias se van haciendo más ecientes, se crean tecnologías nuevas y más limpias, el desarrollo de productos biotecnológicos permite reducir la presión sobre los recursos naturales, y se adoptan estándares de desem- peño ambiental más altos en los procesos productivos para cumplir con las demandas de los consumidores en los países importadores. 1 PRINCIPALES ACTIVIDADES PRODUCTIVAS Y SU RELACIÓN CON LA BIODIVERSIDAD EUGENIO FIGUEROA Y ENRIQUE CALFUCURA 1 Una de las características más importantes del proceso de incor- poración de Chile al mundo globalizado desde el punto de vista económico y ambiental es que la liberalización comercial ha venido acompañada por un mayor nivel de protección ambien- tal y/o de los recursos naturales. 434