Rev Esp Geriatr Gerontol. 2008;43 (Supl 2):51-2 51 FRANCISCO GUILLEN LLERA: UN GIGANTE DE LA GERIATRIA Cuando hace unos meses conocimos la muerte de Paco, no por esperada fue menos sorpresiva: se había ido otro de los buenos amigos, de los pocos que se tienen en la vida. Me pedía mi estimado y admirado José Manuel Ribera que, como presidente de la Sociedad Española de Hiperten- sión, escribiera unas palabras sobre Paco y su relación con el “mundo” de la hipertensión. Con mucho gusto las escri- bo, pero mis palabras, escritas a vuela pluma, van a ser más que un in memoriam académico, el fruto de recuerdos que afloran a mi mente, y dichas más con el corazón que con la retórica académica. Es decir que reflejan el recuerdo que tengo de Paco desde las esporádicas pero intensamente vi- vidas (esto era una constante en él) ocasiones en que a lo largo de muchos años nos encontramos en foros científi- cos, tanto de la Sociedad de Hipertensión como de la So- ciedad de Geriatría. Sólo deseo que sean expresión del cari- ño y la admiración personal y científica a la que Paco se hizo acreedor. Conocí a Paco a principios de los años ochenta cuando en aquellas reuniones, casi familiares por el número y la relación de amistad entre los asistentes, de la Liga Españo- la para la Lucha contra la Hipertensión Arterial discutía- mos sobre cuándo y con qué intensidad tratar al anciano hipertenso. Aún recuerdo su vehemencia, lo afianzado que estaba en sus convicciones sobre el tema y cómo argumen- tábamos los pros y los contras durante las sesiones científi- cas. Pero al mismo tiempo recuerdo su humanidad conta- giante, su bonhomía, su permanente sonrisa y los buenos ratos que pasábamos, al lado de un café o un vino, contan- do anécdotas o comentando la actualidad sociopolítica del país, y sobre todo de nuestro sistema sanitario Era la nor- ma que siempre tanto él como nuestro siempre añorado Manolo Luque fueran los que definitivamente sentencia- ran. Claro que después de lo serio venían los chistes y las ri- sas. En el aspecto científico, Paco, junto con Juan (Nuco para los amigos) Macías, fue siempre el referente de la hi- pertensión en el anciano. Paco comandaba casi siempre la delegación de geriatras en todos los congresos, como en otras actividades científicas donde, ya de forma monográ- fica o integrada, el manejo diagnóstico-terapéutico del an- ciano hipertenso salía a relucir. El tiempo pasa, las eviden- cias se acumulan y muchas de nuestras incógnitas se despejan y, en ese sentido, su mente de científico abierto y analítico era un receptáculo donde todo buen juicio argu- mentado tenía cabida. De todas formas, no sé si era un tiempo donde las sociedades científicas eran más abiertas, o más bien la empatía y el desarrollo de relaciones inter- personales predominaban por encima de la pura relación científica. Lo cierto es que, a menudo, de estas relaciones surgían buenas amistades. Desde el mundo de la geriatría española, como abande- rado de ésta, creo que nuestra sociedad española, y particu- larmente el mundo de los mayores, debe mucho a Paco y a un pequeño grupo de geriatras de su generación con los que compartía su visión y punto de vista acerca de qué es la geriatría, cuáles sus objetivos y cómo desarrollar la aten- ción a las personas mayores. Concienciar no sólo a los pro- fesionales sanitarios, sino también a las autoridades sani- tarias, que la esfera del anciano sano y enfermo, por sus peculiaridades, es diferente de la del adulto de mediana edad fue mérito suyo y de ese grupito de geriatras con los que, como digo, compartía su visón del problema. Desde la Sociedad de Hipertensión, los “hipertensólo- gos”, nombre con que tanto él como José Manuel Ribera gustaba llamarnos, lo recordamos en esa doble faceta pro- fesional y humana. Insisto que mis palabras escritas conforme brotan de mi interior son expresión de las improntas que de nuestra re- lación de amistad restan en mi mente. Creo que su activi- dad profesional y científica estuvo siempre marcada por su personalidad humana y quizás por ello quisiera finalizar con el retrato que tengo de su persona: un ser inteligente, vitalista, buena persona, de sonrisa casi permanente, buen conversador y capaz de disfrutar, y hacer disfrutar a cuan- tos a su alrededor estuvieran, de cada momento de la vida. Se dice que verdaderamente uno no muere mientras su re- cuerdo perdura entre sus amigos y seres queridos. Si es así, tu vida, Paco, auguro que seguirá siendo aún muy larga. Descansa en paz, amigo. En recuerdo de mi amigo Paco Guillén Pedro Aranda Lara Presidente de la Sociedad Española de Hipertensión Complejo Hospitalario Carlos Haya. Servicio de Nefrología. Málaga. España. Correspondencia: Dr. P. Aranda Lara. Complejo Hospitalario Carlos Haya. Servicio de Nefrología. Avda. Carlos Haya, s/n. 29010 Málaga. España Correo electrónico: pedroarandalara@hotmail.es Documento descargado de http://www.elsevier.es el 15/09/2016. Copia para uso personal, se prohíbe la transmisión de este documento por cualquier medio o formato.