El universo de las escrituras Miguel Peyró Pese a poseer una prodigiosa herramienta natural para comunicar, el lenguaje, los seres humanos no hemos dejado de crear a través del tiempo nuevas técnicas y artefactos para transmitirnos ideas y sensaciones. Nuestra vida como especie gregaria depende de la comunicación, y a la comunicación hemos dedicado siempre nuestros mejores esfuerzos. Entre todos los procedimientos artificiales que hemos ido inventando con este propósito, ninguno ha alcanzado la trascendencia de los signos gráficos que genéricamente llamamos escrituras. Hoy nos resulta imposible imaginar nuestro mundo sin la escritura, y esto se vuelve todavía más evidente si pensamos que no sólo las “letras” sino también los “numerales” forman parte de su ámbito. El texto escrito domina completamente nuestras modernas sociedades urbanas, globalizadas, desde la información o la publicidad a los documentos. Y el texto escrito determina también nuestra conciencia de otros tiempos: la escritura viene a equivaler a la historia, a la memoria de la especie. Las sociedades que no escribieron, o sobre las que otros no escribieron, quedan en la sombra del conocimiento, de algún modo apartadas de la conciencia del devenir del ser humano. Sus obras, sus evidencias materiales, sólo pueden ser contempladas desde fuera: siempre mudas, enigmáticas, controvertidas. Por el contrario, las sociedades que nos precedieron en el tiempo y que tuvieron textos escritos accesibles se nos muestran desde dentro: parece como si pudiéramos acceder directamente a sus pensamientos. La cantidad de cosas que sabemos de cada cultura o colectivo antiguos depende así, por encima de cualquier proporción de testimonios arqueológicos, de encontrar textos escritos (y, por supuesto, de descubrir alguna forma de interpretarlos). Con otros hallazgos materiales, sabemos qué hacía una determinada sociedad del pasado; con la escritura llegamos a saber además por qué hacía eso. Esta preeminencia de lo escrito no es natural, ni refleja un desarrollo inevitable de las sociedades humanas. Muchas culturas del mundo no conocieron ninguna forma de escritura —algunas sobreviven en la periferia de la globalización todavía hoy. Si en nuestra modernidad las escrituras reinan sobre el mundo de manera incontestable es porque se ha producido históricamente un dominio de las sociedades con escritura sobre las que no la empleaban. Las sociedades sedentarias urbanas que necesitaron de la escritura en un momento determinado de su desarrollo histórico acabaron siendo también las que alumbraron proyectos más efectivos e inexorables de control social y expansión militar. Las escrituras están vinculadas en su génesis a la aparición de la institución del estado, y a los estados les será dado el control final de las sociedades humanas. La victoria de las colectividades con escritura sobre las llamadas ágrafas ha generado una amplia ideología justificativa, como en todo proceso de dominación. Es la ideología que subyace a la separación entre historia y prehistoria a partir del eje de lo escrito. Las sociedades sin escritura son “prehistóricas”, aunque nos sean coetáneas, y el prefijo de la denominación lo indica todo: están antes de nuestra historia, les queda por recorrer todo el camino que nosotros ya hemos dejado atrás. Muchas veces esta confrontación cultural no se propone entre dos sociedades distintas, sino entre dos etapas históricas de una misma sociedad. Entonces puede observarse más claramente la 1