¿Guardia Vieja? Sí, pero… ¿cuál? Mucho se ha hablado de los cortes en el tango como baile, pero no es en este aspecto en el que ahora nos interesa el término. En efecto, vamos a hablar de "cortes" en cuanto los puntos singulares de su evolución, en el período que vaga y arbitrariamente se denomina "Guardia Vieja". Asimilaremos este concepto a la dinámica que se observa en el crecimiento de los seres vivos, marcando claramente las diferentes etapas de su existencia. Luego de producida una innovación que provoca un corte, el entramado musical va uniformándose al adoptarse masivamente la nueva tendencia, hasta la siguiente ruptura evolutiva. Desde este punto de vista, el primer corte sería su irrupción masiva como género musical, suceso que documentalmente se comprueba ocurrió en los bailes de Carnaval de 1903, si bien era un género popular en ellos desde varios años antes. A partir de entonces, los organizadores se preocuparon en destacar la ejecución de tangos, anunciando incluso en abierta competencia la cantidad y novedad de los temas. Los lugares donde esto sucedía eran tanto los salones que nucleaban a la clase obrera e inmigrantes, como los teatros céntricos acondicionados como pista de baile. Ello obliga a replantear tanto el rechazo supuestamente provocado por el tango, así como la época en que se lo aceptó públicamente como género musical, habitualmente presupuesta diez años más tarde. En estos salones y teatros, las formaciones que interpretaban los temas musicales eran orquestas integradas por numerosos ejecutantes con conocimientos académicos, conducidos por un director versado en orquestación. Todo ello acorde a las dimensiones de los locales y el elevado numero de personas concurrentes, que exigían una elevada masa sonora para llenar el ámbito. Quedaba así de lado la actuación de los incipientes conjuntos, luego llamadas "típicas", constituidas por tríos o cuartetos. Por otra parte la industria discográfica, aún en sus inicios cuidaba al máximo posible la calidad musical de las grabaciones, por ser el disco un producto caro, cuyos adquirentes no hubiesen aceptado algo malo por su dinero. Lo antedicho, podría justificar la demora de las típicas en llegar al disco. Ello nos da pie para marcar un segundo corte en nuestro análisis, dado por la aparición documental de registros sonoros por una de ellas, privilegio que le cupo a la encabezada por el bandoneonista Vicente Greco. La audición de estos discos grabados a principio de 1910 nos permite sacar algunas conclusiones. La primera es que se podía grabar aún con un reducido número de ejecutantes (un cuarteto en este caso). Entonces: ¿Porqué no se lo hizo antes? Recordemos lo antedicho en cuanto al mínimo de calidad exigible a las interpretaciones, requisito apenas cumplido en las ejecuciones de esta orquesta, la cual llega incluso a la desafinación y pérdida del tempo. Habiendo sido evidente la decisión comercial de haber utilizado la orquesta más popular (y presumiblemente mejor) para asegurar las ventas, se desprende que por entonces este tipo de orquestas estaban integradas por ejecutantes de escaso dominio técnico y musical. Y por eso no grababan. Estos comentarios no son hechos con ánimo peyorativo, pues somos conscientes de la importancia de estas orquestas en el afianzamiento del tango, siendo en última instancia las piedras fundamentales de su desarrollo. Pero no debe sublimarse o mistificarse las virtudes de estos pioneros como frecuentemente se hace, ensalzamiento no acorde con los testimonios sonoros que ellos mismos han dejado. Vale agregar que algunos pudieron evolucionar como músicos en los años siguientes, logrando ponerse a la par de colegas surgidos de los conservatorios. Otra conclusión que permiten sacar estos discos de Greco, es la preponderancia con que ha sido grabado el sonido del bandoneón. Descartando errores técnicos en una actividad que ya tenía diez años de experiencia, debe concluirse el atractivo e importancia que se le asignaba a