El enfrentamiento entre el ateniense Demóstenes y el rey Filipo de Mace- donia, hacia la mitad del s. IV a.C., va más allá del concreto momento histó- rico en el que se produjo para proyectarse bajo otras luces a épocas posterio- res, incluso muy cercanas a nuestro tiempo. No es fácil hallar un antagonismo en la Antigüedad que luego haya generado tanta polémica y se haya interpre- tado en claves tan diferentes. Para unos, Demóstenes viene a ser como el para- digma del político trasnochado que, aferrado a la vieja idea de la polis demo- crática, fue incapaz de darse cuenta de que el momento histórico que vivía exigía nuevos y más amplios marcos institucionales; para otros fue, sin embargo, un político demócrata coherente hasta el final con sus ideas y valo- res. Lo mismo puede decirse de Filipo de Macedonia y su hijo, Alejandro Magno: de monarcas que se adelantaron a su tiempo e intuyeron un futuro más “globalizado”, si se me permite esa expresión, a meros liberticidas de la democracia griega. Lo que, si cabe, convierte en más actual este enfrenta- miento es que, en el caso del orador, lleva asociada una reflexión, matizada en el tiempo, sobre las fortalezas y debilidades del sistema democrático, algo de indudable interés en nuestra actual situación política: progresivamente, el ora- dor se daría cuenta de que el auge de Filipo no se debía tanto a la fortaleza de una potencia emergente –Macedonia–, sin casi protagonismo hasta ese momento, como al debilitamiento de las raíces del propio sistema democráti- co ateniense por la corrupción de sus políticos y la desidia y desapego de sus ciudadanos. En definitiva, la esencia de un “clásico” es precisamente ésa, la capacidad de incorporarse a las concretas circunstancias de cada lector, inclui- dos los del siglo XXI. Demóstenes versus Filipo: la democracia en juego. Un paseo por sus textos Felipe G. Hernández Muñoz Universidad Complutense de Madrid Enemistades Peligrosas, Fernando García Romero & Antonio Moreno Hernández (eds.), Madrid, 2013