Legitimidad musical en una fiesta nahua • ELENA lAZOS CHAVERO JOSÉ MIGUEL GONZÁlEZ PÉREZ MARíA DE lOURDES GOOíNEZ GUEVARA E l encuentro de dos corrientes musicales, la tradicional y la moderna, la propia que se vuelve ajena y la externa que se interioriza, resulta muy estruendoso. Los contra- rios compart<:n durante una noche la plaza principal de Tatahuicapan, un poblado nahua perteneciente a la Sierra de Santa Marta, Veracruz. Por un lado tocan los 7 Herma- nos, grupo de jaraneros de la propia comunidad, formado recientemente con el fin de rescatar la cultura huapanguera tradicional del sur de Veracruz; por otro lado los 7 Latinos, conjunto que interpreta la música de mayor popularidad en todo el territorio mexicano y que ocupa el lugar principal de la fiesta en honor al santo patrono de Tatahuicapan. De los 7 Hermanos... El escenario, cubierto por una lona, es una pequeña tarima rús- tica hecha con madera de cedro rojo para dar resonancia al za- pateado huapanguero. Los jaraneros se colocan a un costado del tablado; los danzantes o bailadores suben por turnos por cualquiera de los otros tres lados libres. Los 7 Hermanos son indígenas nahuas, la mayoría campesinos sin tierras, que culti- van su milpa en terrenos prestados, por lo que completan sus ingresos como jornaleros en las fincas ganaderas, en los prós- peros sembradíos comerciales del litoral del Golfo o en la pro- pia comunidad. Todos son hombres. Los más jóvenes, en promedio de veinte años de edad, han sido iniciados reciente- mente en la música por sus compañeros mayores, quienes son depositarios y transmisores de esta tradición huapanguera en la comunidad. &tos músicos no perciben ingresos por su activi- dad. "Ellos van por la afición que le tienen a la música. Nunca se cobra ni en casamientos ni en eventos ... solamente nos dan la comida y unos refresquitos ... " nos dice un jaranero. Y si inocentemente les preguntarnos por qué no cobran por su espectáculo, obtenemos como respuesta sonrisas irónicas pues su música no está valorada ni por la propia comunidad indíge- na ni por las comunidades mestizas de la región. El número de instrumentos de un grupo de jaraneros varía de acuerdo a las características regionales y al tipo de acontecimiento musical; no obstante, la dotación convencio- nal se compone de una guitarra de son de cuatro cuerdas, un requinto de ocho cuerdas, jaranas segunda, tercera y cuarta, una guitarra vozarrona y el chagüiste o mosquito, que tam- bién es un instrumento de cuerdas. En particular, en los 7 Hermanos hay además dos guitarras medias terceras. Debido a su organización incipiente el número de participantes varía en cada oportunidad, y con ello los instrumentos ejecutados. Todos los instrumentos están hechos de cedro rojo, material autóctono de la sierra; cada uno tiene su historia: algunos han sido heredados de los padres, la mayoría manufactura- dos por un artesano de un pueblo aledaño y unos pocos comprados fuera de la región con créditos del Instituto Nacional Indigenista. Acompañan a este grupo cinco danzantes hombres que van alternándose uno a uno o haciendo par con una mujer. Ellos son los actores principales del suceso. La participación en el baile está limitada a los "valedores" que dominan el so- noro zapateado. Cada "bailador" interpreta de manera perso- nal la música pero en conjunto y con los jaraneros deben mantener una sincronía en el ritmo. "Empieza un fandango muy bueno, porque cuando la gente empieza a taconear al son de la jarana se oye un ruido muy ... como que van al son con la jarana; porque a veces cuando el bailador no da los pasos con la jarana, se va enturbiando ... " se nos explica. Entre juegos mecánicos -a los cuales ningún niño se sube por su alto precio-, puestos de fritangas, ensordece- dores merolicos vende-peltre y simplones juegos de azar, se oye el repiquetear de jaranas y tacones. Un reducido público compuesto en su mayoría por hombres y niños curiosos escucha las interpretaciones de los 7 Hermanos. La actitud poco expresiva de los espectadores ilustra la escasa impor- tancia que tiene esta manifestación de la cultura tradicional en la comunidad. • 21 •