“ACERCA DE LA HISTORIA DE LA SEXUALIDAD Y DE UN PROBLEMA MÁS GENERAL” Geoffroy Huard Université du Havre / Universidad de Cádiz, HUM-536 “El problema de la alteridad en el mundo actual” Conocí a Jean-Louis Guereña en un congreso sobre historia de la sexualidad en la Univer- sidad de Manchester en 2012. Llevábamos algún tiempo hablando por email de distintos proyectos editoriales. Yo estaba realizando una estancia postdoctoral en la Universidad de Cambridge con otra gran historiadora, Alison Sinclair. Había defendido la tesis y trataba de darle forma de libro en un ambiente intelectual y geográfico realmente excepcional. El libro saldría dos años más tarde en la colección Estudios de Marcial Pons Historia con el siguiente título: Los antisociales. Historia de la homosexualidad en Barcelona y París, 1945-1975 (Huard, 2014). En Manchester, y luego en Leeds, Jean-Louis Guereña y yo intercambiamos sobre nuestros respectivos trabajos con especialistas como Chris Perriam y Richard Cleminson. Había leído en la biblioteca de Cambridge la obra de Jean-Louis Guereña La prostitución en la España contemporánea, también publicada en la colec- ción Estudios de Marcial Pons (Guereña, 2003). Este libro me ha servido en mi propio trabajo para contextualizar la prostitución tanto femenina como masculina en la Barcelona franquista. Sin em- bargo, en Los antisociales (Geoffroy Huard, 2014) no me he centrado solamente en la prostitución. La consulta de los más de 1000 expedientes de los tribunales de Vagos y maleantes y Peli- grosidad y rehabilitación social de Cataluña y Baleares entre 1945 y 1981 -consultados por primera vez desde la democracia- me había permitido reconstruir lo que George Chauncey en otro contexto había denominado “el mundo gay” (Chauncey, 1994), un intenso y muy desarrollado mundo gay en la Barcelona franquista principalmente. En efecto, este mundo, circunscrito al Barrio Chino, era vi- sible y, además, según esos expedientes los homosexuales no estaban perseguidos como se solía afirmar desde entonces. Por el contrario, había incluso cierta permisividad. Solo los "invertidos" que tenían algún vínculo con la delincuencia o la prostitución estaban condenados. Aquellos que podían justificar un trabajo "digno" no tenían problema con la justicia. Por tanto, había una auténti- ca justicia de clases ya que solo los homosexuales de las clases populares eran condenados en Bar- celona durante el franquismo. 1