126 Autonomías locales y subjetividades en contra del neoliberalismo: hacía un nuevo paradigma para entender los movimientos sociales Geoffrey Pleyers Introducción 27 de agosto de 2005 a las tres de la madrugada, Juan Diego, territorio rebelde zapatista, Chiapas. Quince horas después de iniciado el encuentro entre coman- dantes zapatistas, jóvenes y sociedad civil, los expositores se prosiguen uno tras otro contando su experiencia activista en su barrio o en su ciudad. Toca el turno de un joven de un suburbio de la capital mexicana: «lo mío no es hablar en públi- co, de hecho sólo hay dos cosas que sé hacer: hacer pintadas y cantar hip hop. Entonces voy a cantarles algo rebelde y bien zapatista». El público, conquistado, se levanta de sus butacas para aplaudir al cantante que, aprovechando la ocasión, se sigue con otras dos canciones. Sin embargo, un militante trotskista de unos cuarenta años, activista desde los inicios del movimiento zapatista, se mostraba preocupado: «Todo esto está muy bien, el chavo canta bien, pero ¿para qué sirve?, ¿cuáles son los nuevos argumentos que llevan estos discursos? No tendremos ni un texto de declaración cuando regresemos de este encuentro». De hecho, si evaluamos estas reuniones y estos movimientos según los crite- rios de la política institucional, los resultados parecen muy débiles. Las múltiples movilizaciones zapatistas por una reforma constitucional que reconozca a los pueblos indígenas como sujetos de derecho no resultaron exitosas -a nivel jurídi- co-político. Y ¿cuál sería el impacto político de los campamentos organizados por los jóvenes altermundialistas a través del mundo? Las teorías clásicas de la sociología política de los movimientos sociales, desde sus corrientes marxistas hasta la teoría de «contentious politics» 1 que ahora domi- na esta disciplina, ven en estos actores movimientos demasiado débiles como para lograr trasladar sus demandas exitosamente a la escena política. En el peor de los casos los consideran como un síntoma del declive de la participación políti- ca o de la «disolución de los movimientos sociales». 2 Quizás consideran estos hechos como característicos de una fase precoz e inmadura del ciclo o del desarro- llo de los movimientos sociales, en la que se multiplican innovaciones y se crean «espacios relativamente abiertos para nuevas experimentos colectivos». 3 El vigor del zapatismo, de los centros sociales alternativos o de las redes de jóvenes activistas de los que trata este capítulo nos llevó a formular una hipótesis distinta: no se trata tanto de un declive o de lagunas de movimientos inmaduros, sino de una mutación de las formas de participación y de actores sociales que