O IADEIRO EUSEBIO MEDINA GARCÍA Universidad de Extremadura Las cuadrillas del contrabando se fraguaron bajo una diversidad de fórmulas, desde agrupaciones más o menos estables y bien organizadas de contrabandistas a pie o a caballo, a toda una gama de asociaciones inter- medias: padres e hijos, hermanos, cuadrillas mixtas –un hombre y varias mujeres, varios hombres y mujeres, varios hombres sin formar cuadrilla, etc.– Muchas de estas aso- ciaciones eran ocasionales, fortuitas; no estaban diseñadas para durar y pertenecían al ámbito de lo esporá- dico; mientras que otras resistían bien los envites del tiempo y de la adversidad. Las cuadrillas se diferen- ciaban bastante entre sí, ya fuera por el número de miembros que la com- ponían –desde minicuadrillas de sólo tres hombres hasta macrocua- drillas de cuarenta, cincuenta y hasta sesenta hombres–, ya por su naciona- lidad –unas de mochileros españoles, otras de portugueses y otras mixtas–, por el sexo –la inmensa mayoría eran cuadrillas de hombres, aunque tam- bién hubo cuadrillas de mujeres mochileras y excepcionalmente, parece que incluso alguna mujer integrada en cuadrillas masculinas–. Las cuadrillas también se distinguí- an por el medio de transporte que utilizaban. Estaban las cuadrillas a pie y las cuadrillas a caballo; tam- bién había formas mixtas –cuadrillas de contrabandistas a pie y a caballo. Si tuviéramos que elegir entre esta amplia gama de formas organi- zativas, nos decantaríamos sin duda, por las cuadrillas de contrabandistas a pie. Las partidas de mochileros, como solían denominarlas sus perse- guidores. La cuadrilla de mochileros se erigió como la forma de organiza- ción preferente del contrabando tra- dicional, sin menoscabo de la impor- tancia que tuvieron otras figuras como la del contrabandista indivi- dual, acompañado sólo ocasional- mente, o de la mujer contrabandista que vendía contrabando en su propia casa, como modo principal de ganar- se la vida. Contrabandistas a caballo Las cuadrillas de contrabandistas a caballo, tan famosas a finales del siglo XVIII, han perdurado en la fron- tera hasta fechas recientes 1 . En la raya seca destacaron las cuadrillas de contrabandistas a caballo de Higuera de Vargas, las cuales cargaban prin- cipalmente por la zona de Che- les–Ferreira. Estas cuadrillas de a caballo llegaron a contar con más de veinte jinetes juntos. En otras locali- dades fronterizas, tanto de la raya húmeda como de la raya seca tam- bién operaban otros contrabandistas a caballo 2 . Por el norte de la provin- cia de Cáceres, una vez atravesada la frontera o recogida la mercancía, los contrabandistas se encaminaba hacia Torre de D. Miguel, Acebo y otros enclaves estratégicos de la Sierra de Gata 3 . Las cuadrillas de contraban- distas a caballo transitaban de noche, por zonas bastante alejadas de las poblaciones, especialmente por montes y terrenos abruptos, por lo que no eran detectadas fácilmente por los servicios del resguardo de fronteras. Estas cuadrillas no solían pasar al otro lado de la rayaiv; aun- que a veces cargaban en Portugal, normalmente compraban las mochi- las a los mochileros, una vez intro- ducidas por la frontera, dedicándose Las cuadrillas del contrabando tradicional en la frontera de Extremadura con Portugal (I) Las cuadrillas de contrabandistas, forjadas por un intrincado cúmulo de relaciones, orientadas tanto hacia el interior como hacia el exterior de la propia organización, nos presentan en primer plano la dimensión social del fenómeno del contrabando. Las cuadrillas, generadas de manera espontánea, constituían estructuras organizativas mínimas, estaban dotadas de una gran flexibilidad y servían para reforzar la actividad del contrabandista individual, proporcionándole un apoyo logístico, físico y moral, necesario para superar las numerosas dificultades y avatares a los que tenía que hacer frente. La cuadrilla favorecía que la actividad del contrabandista individual se entrelazara con la de otros compañeros, con los que se compartían venturas y desventuras en cada viaje, en busca de las cargas. Las cuadrillas conformaban estructuras persistentes que dotaron al contrabando tradicional de una entidad propia e hicieron de éste más que una profesión, una forma de vida.