VERSIÓN DEFINITIVA Un caso sorprendente de mutación conceptual[pág. 1] Un caso sorprendente de mutación conceptual: el avatar contemporáneo de la comprensión y la explicación Josep Maria Bech I. Tres planteamientos concurrentes y un debatido asunto: la unidad, identidad y continuidad de las ideas 1. El surgimiento y la evolución del pensamiento, y más específicamente el ascenso, la consolidación, y el inevitable declive de los conceptos y de las teorías, 1 suelen ser escrutados en nuestro tiempo desde tres puntos de vista antagónicos: el funcionalista, el sociocéntrico, y el historizador o singularizador. En términos generales puede decirse que estos tres planteamientos de base, cuya intención es a un tiempo descriptiva y explicativa, por un lado se proponen dar cuenta de la identidad, la unidad y la relativa estabilidad temporal de las entidades que laxamente se suele denominar “ideas”, y por otro lado pretenden determinar su presunta eficacia causal. Es decir: quieren establecer si las ideas son realmente capaces de influir en la realidad material, extra-ideal o transcendente, o cuando menos si, en su ámbito inmanente y por sus propios medios, pueden generar otras ideas. Una sucinta inspección de estos tres puntos de vista concurrentes nos ayudará a situar adecuadamente la problemática del presente trabajo. Como vamos a justificar en breve, está centrado en la desconcertante evolución de los conceptos de “explicar” y “comprender” a lo largo de siglo y medio, en el recíproco mimetismo en tiempos recientes les caracteriza, así como en las consecuencias de esta paradójica peripecia, ya en una perspectiva más general, cuando se pretende hacer inteligible la evolución de los conceptos y de las teorías en el ámbito de las disciplinas históricas y sociales. 2. El locus classicus que expresa la convicción central del planteamiento funcionalista es una formulación de Hans Blumenberg, notorio defensor de un “modelo funcional” que explica el desarrollo del pensamiento. Según este autor, en lo que se refiere a las ideas, “el lugar de la identidad a lo largo del tiempo es la función y no el contenido; la función adopta contenidos plenamente heterogéneos en ocasiones específicas.” 2 En base a esta convicción, añade Blumenberg, cierto número de “invariantes funcionales” (entre los cuales, desde luego, podrían ser incluidas las operaciones de “explicar” y “comprender”) han sido decisivos para el progreso del pensamiento. También sugiere este autor que la re-ocupación funcional de posiciones idénticas llevada a cabo por el pensamiento de épocas sucesivas (un proceso que pone de manifiesto la existencia de una fundamental continuidad) es una indispensable presuposición cuando se pretende explicar la progresión histórica de las ideas y las doctrinas. En palabras del propio Blumenberg, “el concepto de ‘reocupación’ designa la identidad funcional mínima que debe ser perceptible en la historia” puesto que un número determinado de “preguntas” que son “relativamente constantes si se las compara con las respuestas” forman una “matriz permanente” de expectativas y de necesidades. 3 De acuerdo con este modelo, centrado en las “funciones” y en las “reocupaciones”, cada época hereda de la precedente un “sistema de posiciones vacías” que debe llenar con los contenidos de pensamiento que ella misma genera. “En historia”, precisa Blumenberg, “el carácter no negociable de las preguntas es el precio que 1 No es inadecuado precisar aquí el vínculo entre conceptos y teorías que predomina en historiografía del pensamiento. La influyente definición de Hans-Ulrich Wehler: “una teoría es un sistema de conceptos, explícito y coherente, que no puede ser derivado de las propias fuentes históricas y que sirve para identificar problemas historiográficos, para esclarecerl os y para resolverlos” (Cfr. Hans- Ulrich Wehler, “Anwendung von Theorien in der Geschichtswissenschaft”, en: Theorie und Erzählung in der Geschichte, ed. por J. Kocka y Th. Nipperdey, Munich: dtv 1979, p. 17), sigue siendo válida a condición de entender que al menos uno de tales conceptos debe tener un alcance general o nomotético, al cual debe precisamente la teoría su carácter explicativo. 2 Hans Blumenberg, Die Legitimität der Neuzeit, Frankfurt/M.: Suhrkamp 1966, p. 41. 3 Ibid., p. 363.