. cierta de retrau-.;. ¡i^ ^ t ^arí iron Elena Di Pinto UNIVERSIDAD C O M P L U T E N S E Covarrubias no recoge en su Tesoro ei término 'figurón, sin embargo s, v. 'figura, en su 2 a acepción hallamos: «Cuando nos encontramos con algún hombre de hu- mor extravagante, decimos de él que es linda figura». En 1627 Correas retoma el «humor extravagante» del Tesoro y reseña un dicho: «'Espantanublados' [se le dice] a uno que viene y descompone la conversación, o es figurón; como Derramasolaces» 1 . Este 'derramasolaces' es un evidente sinónimo de aguafiestas', que perturba cual- quier diversión, inoportuno. Un siglo más tarde Autoridades da otro matiz: «Se dice también del que se hace reparable por la afectación que usa de nobleza o riqueza, siendo en la realidad todo lo contrario, Lat. Valdés: ridiculus homo vel risu dignus.» A la lumbre de la risa, en efecto, surge el figurón igual que otros personajes destinados a solazar lectores y espectadores. Es evidente que el primer y mejor motor de la risa es la ruptura de la norma, en este caso de la norma de la comedia nueva, y aún más concretamente de la comedia de capa y espada en la que el decoro, la compostura, la modestia, los valores como los de la honra, el honor, el valor, unas reglas de comportamiento a la hora de conquistar, mandar un papel, pedir unos celos, etcétera, son la columna vertebral de una sociedad bien ordenada y el espejo en el que el espectador ha de mirarse. Al hilo de las definiciones que acabo de mencionar, no se puede pasar por alto una aclaración de Eugenio Asensio: «'Figura, hacia 1600, pasa a significar sujeto y ' Gonzalo Correas [1992: 557 y 558] (análogamente, 'Derramasolaces': Díccsc del que entra y estorba la conversación). XII CONGRESO INTERNACIONAL AITENSO 99