26/11/2016 El auge de la historia militar Fernando Quesada Sanz Versión imprimible http://www.revistadelibros.com/articulo_imprimible.php?art=3749&t=articulos 1/5 Para los especialistas en historia militar de cualquier período, o para los aficionados «leídos», una visita al Reino Unido o a los Estados Unidos de Norteamérica proporcionaba hasta hace un par de años, ya desde las librerías del aeropuerto de destino, un buen motivo para la envidia. Casi cualquier punto de venta de libros tiene en el mundo anglosajón una sección dedicada a cuestiones militares. Se alinean en estantes bastante repletos estudios sobre la historia de las diferentes armas y uniformes, campañas militares, memorias de generales y soldados rasos, e incluso análisis de la psicología del combatiente o estudios bastante densos de la economía y la sociedad en los conflictos bélicos. Y no en un rincón vergonzante sino, normalmente, en lugares privilegiados desde el punto de vista del márketing. En conjunto, la historia militar académica ha alcanzado en Gran Bretaña o Estados Unidos un rango de amplia respetabilidad y reconocimiento universitarios, aunque sin alcanzar todavía pleno estatus de especialidad independiente, al mismo nivel que la historia económica o social: las cuestiones militares siempre son minoritaras en el establishment académico, y esos temas nunca se despojan de un cierto halo de sospechosas tendencias freaks, si no de algo peor y políticamente incorrectísimo. Eso sí, siempre y cuando el historiador o arqueólogo mantenga unas distancias adecuadas respecto a los aficionados a las armas y los uniformes, los juegos de guerra y el coleccionismo . La historia militar se ha desarrollado en el mundo anglosajón en dos direcciones paralelas, con su reflejo a menor escala en España. Por un lado, el ámbito académico, universitario, con una muy estimable y rigurosa producción que abarca todos los períodos y temas. Por otro, y de manera casi independiente, el mundo aficionado de los wargamers, coleccionistas de figuras de plomo, uniformes y armas. Este último es un mercado más amplio de lo que pudiera parecer, fuente de una floreciente industria editorial, como muestran desde hace muchos años las masivas colecciones editadas por Osprey, Montvert, Arms and Armour Press, Greenhill y otras muchas editoriales. Los autores de estos libros han salido durante mucho tiempo de las filas de los propios aficionados, y la calidad de los mismos oscila entre trabajos excelentes en el conocimiento de los detalles arcanos de armas o uniformes hasta libros claramente prescindibles incluso para el más joven e inexperto de los adolescentes que acaba de comprar su primera figura de plomo y quiere pintarla. Pero, en todo caso, la carencia de las herramientas del oficio suele manifestarse en estos libros en la ausencia de bibliografías –y, por supuesto, de notas–, de citas correctas a las fuentes, de distinción entre datos y opiniones, así como en la carencia de otros rigores que serían requisito mínimo en cualquier trabajo no ya de investigación, sino de divulgación seria. La historia militar adquirió cierta mala prensa después de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, porque había sido tema propio de militares, particularmente del Alto Estado Mayor prusiano, tan odiado. Estos militares se habían centrado desde el siglo XIX en el análisis de las batallas desde un punto de vista muy frío y abstracto. Casi todo era, en estas obras, ordenados rectángulos rojos y azules dispuestos sobre mapas, y limpias flechas de avances y retiradas. Pero el público general y los intelectuales sabían, por dura experiencia personal en la mayoría de los casos, que eso era sólo una pequeña parte de la realidad, y que la falseaba. Nada más lejos de la guerra real –cuya experiencia es, ante todo, la del caos organizado, la confusión y el horror físico y psicológico– que algunos ensayos alemanes anteriores a 1940 sobre la Kriegswesen. Por el contrario, la historia militar actual, desarrollada desde los años setenta del siglo XX, presta atención a una montaña ingente de aspectos como la logística, los símbolos y ritos de la guerra, los aspectos sociales, la composición demográfica, étnica, social de los ejércitos, las finanzas, etc. Pero no hay que olvidar que la guerra es finalmente el negocio de enfrentarse al enemigo y matarlo. Las armas y las tácticas son en último extremo el quid de la cuestión. Y, en ese sentido, se ha producido también para el mundo antiguo una gran evolución desde el trabajo pionero de John Keegan The Face of Battle, que optó por una aproximación mucho más realista y próxima al punto de vista de los combatientes, luego adoptada por los estudiosos del mundo grecorromano. No debemos olvidar tampoco que la guerra fue en la Antigüedad una experiencia central de las sociedades, literalmente vital, y directamente percibida por la mayoría de la población, como agente o paciente. Un Artículo HISTORIA El auge de la historia militar Fernando Quesada Sanz Profesor de arqueología en la Universidad Autónoma de Madrid nº 143 · noviembre 2008 Philip de Souza (coord.) La guerra en el mundo antiguo Trad. de Manuel Villanueva Akal, Madrid 320 pp. 53 € 1